Teherán, RT.- La crisis económica provocada por el conflicto que Estados Unidos e Israel iniciaron contra Irán sigue agravándose, y sus consecuencias ya traspasan ampliamente los límites del mercado energético.
Las restricciones a la navegación por el estrecho de Ormuz se reflejaron de inmediato en el precio del petróleo y el gas, impulsándolos a nuevos máximos. Sin embargo, un proceso mucho menos visible, pero potencialmente más peligroso, se está desarrollando en otro frente: el mercado mundial de fertilizantes.
Además de su papel clave en el sector energético global, por el estrecho transita alrededor del 30 % de las exportaciones mundiales de fertilizantes. La reestructuración del mercado de fertilizantes que se está produciendo es mucho más lenta, pero irreversible. A diferencia del petróleo, este sector no cuenta con reservas estratégicas capaces de amortiguar el impacto. Cualquier interrupción aquí afecta directamente a la seguridad alimentaria.
Por ahora, las consecuencias se reflejan en el aumento de los precios de los fertilizantes, pero el golpe más fuerte podría estar aún por llegar: se producirá con retraso, en forma de encarecimiento de los alimentos y posibles crisis alimentarias, sobre todo en los países más vulnerables.
Región rica no solo en petróleo
Los países del golfo Pérsico no solo son un pilar energético mundial, sino también un nodo clave del mercado global de fertilizantes.
Aquí se produce una parte significativa de los fertilizantes nitrogenados, que dependen directamente del gas natural. La región representa alrededor del 30–35 % de las exportaciones mundiales de urea y del 20–30 % de las de amoníaco. Además, los países del golfo son los principales proveedores de azufre, un componente fundamental para la producción de fertilizantes.


