En dos estudios se identificaron cuatro dimensiones clave de la depresión post-juego, síntomas emocionales y niveles de bienestar general
Por Franklin Delgado
Los Ángeles, La Opinión.- Una de las sensaciones más amargas que sufre un apostador es la de un día después cuando pierde una apuesta, llamado coloquialmente “ratón moral”, que describe el estado de culpa, vergüenza y rumiación que sigue a una pérdida combinada —deportiva y económica— y que los especialistas en salud mental señalan como uno de los ciclos emocionales más difíciles de interrumpir.
A esta situación, que antes era restringida a eventos puntuales, ahora, con las plataformas digitales de apuestas deportivas y el consumo masivo de futbol como fenómeno cultural global, se exponen millones de personas que combinan cada semana la emoción del juego con dinero real.
Investigadores de la Universidad SWPS y la Academia de Ciencias Aplicadas Stefan Batory han llevado a cabo un estudio innovador que destaca la “Depresión Post-Juego” (DPT), un fenómeno que afecta a una parte significativa de los jugadores después de finalizar, sobre todo, videojuegos inmersivos.
En este sentido, vale destacar que los videojuegos son cada vez más sofisticados y van más allá del simple entretenimiento. Por ejemplo, para muchas personas, completar un juego largo y absorbente no solo es un momento de satisfacción, sino también un desafío emocional.
En una era de juegos cada vez más realistas e inmersivos, comprender los procesos que ocurren en la mente de los jugadores puede ayudarnos a entender cómo impactan en nuestra salud mental, afirma el psicólogo Kamil Janowicz, doctor en psicología del Centro de Investigación sobre el Desarrollo de la Personalidad del Instituto de Psicología de la Universidad SWPS.
A este propósito, se creó la primera escala del mundo para medir la depresión post-juego y publicaron los resultados de su investigación en la revista internacional Current Psychology.
Herramientas de medición
Escala de Depresión Post-Juego (P-GDS): Los investigadores desarrollaron una herramienta para medir la DPT, aportando claridad sobre este fenómeno poco estudiado. La escala captura aspectos como rumiaciones relacionadas con el juego (pensamientos intrusivos sobre la trama), desafíos al finalizar la experiencia, la necesidad de volver a jugar y la anhedonia mediática.
Estudios ejecutados: A través de dos estudios con 373 jugadores, se identificaron las cuatro dimensiones clave de la DPT y se correlacionaron con síntomas depresivos y niveles de bienestar general.
Impacto emocional
Los aficionados a los juegos de rol (RPG) son los más vulnerables a la DPT, ya que establecen vínculos fuertes con sus personajes y mundos de juego. La conexión emocional intensa genera un retorno difícil a la realidad tras la conclusión del juego.
Los resultados de la investigación no solo abren el debate sobre el bienestar de los jugadores, sino que también plantean preguntas éticas sobre el diseño de videojuegos. Es crucial considerar cómo estas experiencias pueden influir en la salud mental de los jugadores y cómo los desarrolladores pueden ser responsables en la creación de experiencias de juego.
Esta investigación es un paso fundamental para entender mejor la psicología del jugador y el impacto emocional de los videojuegos en la vida cotidiana.
Afectación crónica
El problema se agrava cuando la pérdida no es aislada, sino parte de un patrón. Estudios recientes sobre conducta de juego en Europa señalan que los apostadores que combinan seguimiento emocional de equipos con apuestas económicas repetidas presentan niveles de distrés psicológico notablemente superiores a los que realizan apuestas ocasionales sin vínculo afectivo con el resultado.
La identidad del aficionado —construida durante años alrededor de su equipo— queda entrelazada con la identidad del apostador, y cuando ambas fracasan a la vez, el golpe a la autoestima puede ser profundo.
La trampa de la recuperación inmediata
Una de las consecuencias más documentadas del “ratón moral” en el contexto de las apuestas es lo que los especialistas denominan chasing o “persecución de pérdidas”: la compulsión de apostar de nuevo, de forma inmediata, para recuperar lo perdido y, de paso, silenciar el malestar emocional. Esta conducta es, paradójicamente, la que más daño económico y psicológico provoca a medio plazo. El alivio momentáneo que proporciona la nueva apuesta —ese instante de esperanza antes del resultado— funciona como refuerzo intermitente, el mismo mecanismo que hace adictivas las máquinas tragaperras.
“La persona no apuesta para ganar dinero en ese momento, apuesta para dejar de sentirse mal consigo misma”, explican desde los servicios de atención a ludópatas de varias comunidades autónomas. “El juego se convierte en un analgésico emocional, y como todo analgésico, genera tolerancia: cada vez se necesita más para conseguir el mismo efecto”.


