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Abandonan a la denunciante y protegen al acusado de agresión sexual en Embajada de Haití en RD

Una empleada de la embajada de Haití en República Dominicana afirma haber denunciado conductas que considera perjudiciales para su dignidad y haber contactado con las más altas autoridades del Estado. Si bien ahora se encuentra suspendida y expulsada de su lugar de trabajo, el diplomático objeto de sus acusaciones continúa, según varias fuentes, ejerciendo sus funciones. Entre el silencio institucional, las preguntas sobre el trato reservado a la denunciante y las sospechas de protección en la cúpula del aparato diplomático, el caso Karly Jean-Jeune pone a prueba la credibilidad de los compromisos del gobierno haitiano en materia de defensa de los derechos de las mujeres.

Por Brigitte Benshow

Santo Domingo, Le Quotidien 509.- Una mujer afirma haber sido víctima de un comportamiento que violaba su dignidad. Y hoy, esta mujer está excluida de su lugar de trabajo.

Ésta es la impactante realidad del caso del diplomático Pierre Karly Jean-Jeune en la Embajada de Haití en República Dominicana.

Según información obtenida por nuestra redacción, la Sra. Myrlande Mathieu, empleada de la Embajada y autora de la denuncia, fue suspendida de sus funciones y mantenida alejada de las instalaciones diplomáticas mientras duró la investigación. Ciertamente sigue recibiendo su salario, pero sigue privada de su entorno profesional, abandonada a su desequilibrio psicológico y a las preguntas embarazosas de sus allegados.

Mientras tanto, según varias fuentes que lo corroboran, Pierre Karly Jean-Jeune continuaría ejerciendo sus funciones. Tras una visita a Puerto Príncipe, habría sido visto nuevamente en República Dominicana durante reuniones oficiales junto al embajador Emmanuel Fritz Longchamp en el Ministerio de Relaciones Exteriores de República Dominicana (MIREX).

La pregunta es sencilla.

¿Por qué se deja de lado a la denunciante cuando el hombre objeto de las acusaciones parece continuar con sus actividades con normalidad?

¿Qué mensaje envía el Estado haitiano a las mujeres que encuentran el coraje de denunciar? ¿Deberían ser víctimas de ellos?

En una correspondencia fechada el 28 de abril dirigida a la Canciller Raina Forbin, al Ministro del Interior Paul Antoine Bien-Aimé y a la Ministra de la Condición de la Mujer y de los Derechos de la Mujer, Pétrica Saint-Jean, la Sra. Mathieu afirma haber sido víctima de «insinuaciones inapropiadas, comentarios inapropiados y presión psicológica ejercida por un superior jerárquico». También denuncia una relación de poder que cree que ha favorecido estos abusadores.

Ante una denuncia tan grave, el país tenía derecho a esperar una reacción enérgica.

En cambio, domina el silencio.

Sin embargo, hace apenas unos días, el 22 de mayo, el gobierno inauguró las Casas para Mujeres y Niñas Sobrevivientes de Violencia de Género. Cámaras, discursos, compromisos, declaraciones de principios: todo estaba ahí.

Pero los derechos de las mujeres no sólo se defienden frente a las cámaras.

También se defienden en los pasillos de la administración pública.

Se defienden cuando la persona que denuncia se encuentra aislada.

Se defienden cuando la persona acusada tiene relaciones, influencia o protecciones.

Nuestro equipo editorial no se limitó a examinar la denuncia de la Sra. Mathieu. Durante las últimas semanas, hemos llevado a cabo nuestra propia investigación en Haití y República Dominicana.

La información recopilada de varias fuentes distintas sugiere que algunos testigos no percibirían las acusaciones formuladas hoy como un incidente aislado.

Varias personas entrevistadas, bajo condición de anonimato, describen comportamientos que consideran inapropiados o inapropiados hacia las mujeres que trabajan en el entorno profesional o personal de Pierre Karly Jean-Jeune. A lo largo de la investigación, estudiantes haitianos residentes en República Dominicana también confirmaron ciertos comentarios inapropiados.

Algunos afirman haber sentido presiones o comportamientos que consideran abusivos en el contexto de los procedimientos administrativos o de sus relaciones con la Embajada.

Los testimonios recogidos presentan similitudes inquietantes y merecen, según ellos, una atención especial por parte de las autoridades competentes.

Nuestro equipo editorial también ha tomado nota de elementos, documentos y una grabación de voz que plantean dudas adicionales sobre la gestión de este fichero.

Quizás el verdadero escándalo ya no sea sólo la denuncia en sí.

El verdadero escándalo es la impresión de que la maquinaria institucional se movilizó más para gestionar la denuncia que para proteger a quien denunciaba.

En este tema se espera especialmente a la Ministra de la Condición de la Mujer, Pédica Saint-Jean.

¿Se ha reunido su departamento con la denunciante?

¿Él brindó apoyo?

¿Pidió medidas de protección?

¿Ha seguido el avance del expediente?

¿Exigió que se arrojara toda la luz sobre los hechos denunciados?

La ministra de los haitianos residentes en el extranjero, Kathia Verdier, también quiso dar su opinión.

Un silencio cómplice de tres ministros importantes sobre este tema. ¡Más mujeres!

Las mujeres haitianas tienen derecho a saber las respuestas. Si las instituciones encargadas de defender los derechos de las mujeres permanecen en silencio cuando un empleado estatal afirma haber sido víctima de abuso de poder, entonces los discursos oficiales pierden gran parte de su credibilidad.

Los socios internacionales de Haití, que financian y apoyan periódicamente programas para promover los derechos de las mujeres, combatir la violencia de género y fortalecer las instituciones públicas, no pueden permanecer indiferentes ante este asunto.

Porque más allá de las estrategias nacionales, las conferencias y los compromisos internacionales, la verdadera credibilidad del Estado haitiano se mide por su capacidad para manejar las quejas presentadas dentro de sus propias instituciones con rigor, imparcialidad y transparencia.

Este archivo se ha convertido en una prueba.

Una prueba para la Cancillería.

Una prueba para el Ministerio de Asuntos de la Mujer.

Una prueba para el gobierno de Alix Didier Fils-Aimé.

Una prueba para todos aquellos que dicen defender los derechos de las mujeres cuando las cámaras están encendidas, pero cuyo coraje institucional se espera cuando las acusaciones se refieren a personas cercanas al poder.

El respeto a la dignidad humana y a la integridad de la mujer nunca debe depender del rango, función, relaciones o influencia de la persona involucrada.

Nunca debería ser una cuestión de conveniencia política.

Nunca debería ser negociable.

Porque una mujer que denuncia nunca debe tener la sensación de ser abandonada por las instituciones que se supone deben protegerla.

Porque ningún cargo público debería ofrecer inmunidad moral.

Porque la justicia, la dignidad y el respeto deben imponerse a todos, sin excepción. Y hoy, más que nunca, las autoridades haitianas tienen el deber de demostrar a la Nación y a la comunidad internacional que los derechos de las mujeres no son sólo una consigna de las circunstancias, sino un principio fundamental de gobernanza.

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