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Abinader, Trump, la guerra y la paz

Por Juan TH

La guerra desatada contra el Irán por el misántropo presidente de Estados Unidos, Donald Trump y el sionista psicópata de Israel, Benjamín Netanyahu, repudiada por la mayoría de los países de todo el mundo, no es la guerra del gobierno dominicano que preside Luís Abinader. (No tiene, ni debe tener, vela en ese entierro) No debemos pues, tomar partido.

Esa guerra, sin embargo, afecta la estabilidad, la gobernabilidad y la paz en la mayoría de los países, sobe todo países pobres y pequeños como el nuestro, donde el oportunismo y el sectarismo ciego de algunos dirigentes, partidos y grupos, buscan “pescar en rio revuelto”, sin medir consecuencias, para intentar sacarle provecho político a la misma.

Tal es el caso de Leonel Fernández y Danilo Medina, entre otros, interesados siempre en el fracaso del presidente Abinader y del país en aras de retornar al pasado ominoso que dejó al país en una ruina, no solo económica, sino ética y moral, de la cual aun el país no se recupera. (La oposición política solo sabe criticar, condenar al gobierno, llamar inepto a los funcionarios, decir que el PRM no sabe gobernar, etc., pero ninguno ofrece alternativa, ninguno ha propuesto soluciones, planes alternativos. Es la crítica por la crítica. ¡Nada más! ¡Y Así no se vale! ¡Una oposición seria, proactiva, ofrece soluciones!)

Contrario a lo que dice el gobierno, no creo que el país esté preparado para enfrentar las consecuencias de la guerra de Irán, Israel y Estados Unidos, sobre todo si se prolonga más allá de lo previsto por los estrategas estadounidenses.

Si el conflicto armado sigue escalando, el precio de los combustibles fósiles continúa subiendo de precio, y con ellos, la crisis económica afectará a los países en guerra, incluyendo a EE. UU. La inflación será insostenible en todas partes.

El gobierno, desde mi punto de vista, tendrá que tomar medidas concretas para enfrentar la crisis política, económica y social que se avecina con la prolongación del conflicto bélico entre Irán, Israel, EE. UU., que es una parte del conflicto global.

Estados Unidos pierde influencia, poder económico y militar entre sus aliados tradicionales, muchos de los cuales han comenzado a demarcarse, negándole apoyo. El aislamiento es mayor cada día. Sus amigos de la OTAN no quieren participar en la guerra. ¡No es su guerra! La correlación de fuerzas geopolítica ha dado un giro preocupante para el coloso del Norte.

China, considerado por los estrategas del pentágono como el enemigo estratégico de Estados Unidos, espera el momento oportuno para actuar. Es cuestión de tiempo…

La suerte de Donald Trump es cada vez más incierta. No creo que termine su periodo constitucional. Es posible, incluso, que termine en la cárcel. Su nivel de popularidad es cada vez mayor, de acuerdo con las encuestas. Está “en la cuerda floja”.

El gobierno dominicano tiene que verse en su propio espejo. Ha llegado el momento de tomar acciones concretas. Los sectores populares no pueden pagar el precio de la crisis. Los platos rotos no los puede pagar el pueblo. Hay que actuar desde el Estado. Los que más tienen, los oligarcas, los poderosos, los que siempre han “comido con su dama” evadiendo impuestos, disfrutando de exenciones fiscales por más de 250 mil millones de pesos todos los años, los de los contrabandos en aduanas, etc. Son los que tienen que apretarse los cinturones, no los pobres.

(La evasión fiscal en la República Dominicana es de la más alta de la región, estimada en más de 500 mil millones de pesos anualmente. Sumando las exenciones, el incumplimiento tributario representa el 8% del PIB, de acuerdo con los estudios de los expertos nacionales e internacionales) ¡Una barbaridad, bárbara!)

El PRM tiene que formar un escudo político alrededor del presidente Luis Abinader para protegerlo y ayudarle a salir airoso de la crisis. Los dirigentes y funcionarios, incluyendo los aspirantes a la nominación presidencial, tienen que ser parte de la solución, no del problema, participar activamente en el debate nacional, echar a un lado o posponer los intereses personales y grupales, porque, como digo siempre, “el todo es más importante que cualquiera de sus partes”.

El Estado, per se, también tiene que apretarse el cinturón con los gastos en estos momentos cruciales para la supervivencia de la democracia, la gobernabilidad y la paz social, eliminando gastos  superfluos, el subsidio a los partidos políticos, reducir la burocracia, salarios elevados, consumo excesivo de combustibles,  quitarle las dos  exoneraciones de vehículos a diputados y senadores, el “cofrecito”, el “barrilito”, entre otras prebendas; revisar las reservas del Banco Central,  el tamaño del Estado, demasiado grande para un país tan pequeño.

El sacrificio no debe ser sólo de los pobres, insisto, que paguen los que más tienen, los que nunca pagan o pagan poco.

PG: Considero que es oportuna la ocasión para hacer una reforma política, económica y social integral del Estado dominicano si queremos preservar y fortalecer la libertad, la justicia y la paz que tanto le ha costado al pueblo a lo largo de su historia. Me pregunto: ¿Habrá voluntad política? ¿Quién se atreverá a tomar el Toro por los cuernos? ¿A ponerle el cascabel al Gato?

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