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    Ser modelo de cambio

    Por Emilia Santos Frías

    ¿Cómo ser modelo de cambio? La respuesta a esta interrogante la encontramos en la obra; “El Monje que vendió su Ferrari”, de Robin S. Sharma. Ella entre sus enseñanzas nos alienta a  ser modelos de cambio, siendo personas cálidas y bondadosas, mientras, hacemos lo posible para que nuestra mente no pierda su brillo, no perdamos la curiosidad, entusiasmo y amor a la vida.
    Teniendo en cuenta que aunque los humanos nos equivocamos, sufrimos crisis espirituales, fruto del estrés diario, y al sumergirnos en él, olvidamos los simples y sencillos secretos que la vida nos regala para ser feliz, merecemos buscar y disfrutar de paz y serenidad.  “Quien vive de prisa, muere joven”.
    Si servimos a los demás, contribuimos a que este mundo sea mejor. Mientras lo hacemos, debemos permitirnos disfrutar el placer de contemplar  el cielo, la luna, la belleza de la naturaleza. Para hacer el cambio a una vida más sana, hay que vivir entre lo sencillo, la serenidad y la armonía, aconseja la obra. “Buscar la belleza de las cosas comunes”.
    El libro es todo un maravilloso viaje; un recorrido por nuestras vidas, que nos invita accionar para mejorar la manera de vivir, y hacerlo con pasión,  gozo, paz y determinación. También, con coraje, alegría y equilibrio, sin delirio de grandeza, extravagancia, agresividad u obsesiones.
    Es un tratado que nos guía a buscar la tranquilidad, desde acciones simples, sencillas, pero de gran importancia para vivir una vida en el presente, digna de emular. Sabiendo que el pasado es un gran maestro. Nos  motiva a alimentándonos equilibradamente y dormir las horas necesarias, para que nuestro cuerpo y mente,  están en óptimas condiciones.
    Precisa que, es necesario menguar el ritmo de nuestra vida, y jamás ser esclavos del reloj. Siendo tenaz, pero siempre llenos de alegría, fuerza y determinación. Al tiempo que, aprendemos a no dejarnos abusar; siempre defender y demandar nuestros derechos, sobre todo cuando la maldad se disfraza de blanca palomita. “La gente buena está perdiendo su rumbo”.
    Nos insta a no perder el rumbo de nuestras vidas, a no divagar; ser oportunos y enfocarnos en las cosas importantes, la familia por ejemplo. Nuestro existir tiene aspectos tan o más importantes que nuestra profesión y ocupaciones. Por eso, debemos detenernos a contemplar el universo, la naturaleza; sus dones y regalos. Ellos son gratuitos. Autocuidar la mente, el cuerpo y el alma.
    También, a  no perder el sentido del humor; no dejar de reír. Es imperioso que nos simplifiquemos la vida, porque la hipercompetitividad pasa factura a nuestro cuerpo, emociones y aspecto espiritual. EL creyente pone su carga en Dios, y como dice la canción de Isabelle Valdez, él nos dice: “por ti yo peleo”. Recordemos que “El éxito externo es nada si no tenemos éxito interno”.
    Hace hincapié en que no abracemos el sarcasmo; nuestro cariz debe ser espiritual. Por tanto, tenemos que desechar el hastío, el cinismo, y buscar el sentido real de nuestra vida, si queremos ser verdaderos modelos de cambio. Sanando el espíritu con amor, elevaremos la calidad de vida y seremos felices, apunta este grandioso instructivo para vivir en armonía.
    No da herramientas para que decidamos identificar la sabiduría del cambio personal y la abracemos!, curándonos por dentro, buscando calma interior; controlando la mente, desechando preocupaciones, siendo la adversidad una plataforma de oportunidades. Si nutrimos la mente, alcanzaremos paz.
    Aportando nuestra fuerza para que nuestro mundo interior no sea destruido por la ansiedad, estrés, competitividad, superarnos cada día como profesional y no como persona; por la nostalgia  y el pasado. Como ocurrió con el prestigioso abogado de la obra, que siendo el de mayor excelencia y riqueza, desconocía las cosas importantes de la vida, y de la vida en familia.
    Este excelente abogado, hilo conductor del manual que nos presenta Sharma para que hagamos el cambio a una vida significativa, dejó todo, y procuró el camino a la vida plena, donde nadie se abruma por las expectativas del futuro o el miedo. Se vive el presente cada día. “La preocupación nubla la mente, le quita poder y daña el alma”.
    Es un libro revelador, nos invitar a no abrigar pensamientos negativos, por el contrario vivir con alegría, en dinamismo, sintiéndonos satisfechos, deliberando como podemos hacer que todo sea mejor. “Administrar la mente es administrar la vida. La mente es el mayor don de la naturaleza”.
    Nos permite entender que en la vida no hay errores, sino, lecciones, y que el dolor, puede ser un gran maestro. Porque, “para disfrutar el bien, hay que conocer el mal”. Es tan sencillo, pero liberador, disfrutar las pequeñas cosas; apreciar la buena música; tener inspiración para vivir, y vivir en plenitud; desempolvar sueños y ser menos pragmáticos.
    Esta obra, que es una joya, nos sugiere además, dominar la mente; vivir con disciplina, ella es una excelente guía; respetar nuestro tiempo individual, no solo el de los demás; servir a nuestros semejantes, cultivar ese valor, y siempre abrazar el presente. Estas pautas pequeñas pero significativas, serán nuestro kaizen para la mejora continua, de pequeños cambios que llevaran al todo. Ella nos guiará a la autosuperación constante, en el espacio personal, espiritual y laboral.

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