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El espejismo de los imperios y la sed de la isla

¿Por qué el negacionismo climático de Donald Trump destruye nuestra soberanía?
Por Luis Carvajal
Cada vez que Donald Trump sube a la tribuna de las Naciones Unidas a calificar la crisis climática como una «estafa» y a burlarse de la ciencia, los aplausos que recibe en ciertos círculos de poder resuenan como una condena para los pueblos del Sur.

Para las corporaciones petroleras e industriales que financian esos discursos, negar el calentamiento del planeta no es ignorancia: es un frío cálculo económico. Negar la ciencia les permite eludir su deuda ecológica, esquivar regulaciones y seguir multiplicando ganancias a costa de quemar la Casa Común.

El verdadero peligro no radica únicamente en lo que dice un mandatario en Washington, sino en el eco sumiso que sus palabras encuentran en nuestro país. Cuando sectores del poder político y económico dominicano asumen acríticamente esa retórica o acomodan nuestra diplomacia a sus caprichos, cometen un acto de rendición colonial disfrazado de *«pragmatismo».

1. El negacionismo no es ciencia: es blindaje de privilegios
Hay que hablarle con absoluta franqueza al campesinado, a las juntas de vecinos y a las comunidades eclesiales de base: detrás del negacionismo no hay investigación, no hay datos ni búsqueda de la verdad. Lo que hay es la defensa cerrada de un modelo extractivista que necesita desconocer los límites de la naturaleza para no frenar sus ganancias. Rechazar la ciencia climática es la coartada para no asumir la responsabilidad por los desastres que provocan.

2. Para una isla, el clima es supervivencia pura
Una potencia continental con inmensos territorios puede permitirse el cinismo de jugar con el petróleo. Una media isla en la ruta de los huracanes, no.

Para la República Dominicana, el cambio climático no es una teoría:
▪️ Es el agua que tomamos y con la que sembramos: Pasamos de sequías feroces que secan los canales de riego, a tormentas concentradas que en pocas horas sepultan bajo el lodo a nuestros campos y a los barrios marginados.
▪️ Es el mar que sube y nos ahoga: El calor oceánico devora las playas, destruye los corales que nos defienden del oleaje y empuja plagas de sargazo que asfixian la pesca artesanal.
▪️ Es la comida en la mesa: Cuando la sal marina penetra los pozos y el calor extremo quema el plátano o el arroz, quien pasa hambre no es el magnate de Nueva York: es la familia de San Juan, de la Línea Noroeste, de Monte Plata o del Gran Santo Domingo.

3. La falsa soberanía: patriotismo de boca que entrega el territorio
En nuestro país se ha vuelto costumbre escuchar discursos encendidos sobre la independencia y la identidad nacional. Sin embargo, muchas de esas mismas voces que se desgarran las vestiduras hablando de soberanía son las primeras en arrodillarse ante las directrices de Washington y repetir los disparates anticientíficos del negacionismo corporativo.

¿De qué soberanía hablamos cuando se entregan las cabeceras de los ríos a la megaminería? ¿Qué patriotismo es aquel que renuncia a exigir justicia climática por miedo a incomodar al hegemón del Norte?

La soberanía no se agota en una valla fronteriza ni en agitar una bandera: la soberanía empieza por defender la base material de la vida. Proteger el suelo fértil, las cuencas de la Cordillera Central y los manglares es el acto patriótico más sagrado de nuestra historia. Imitar a Trump es despojar a nuestro pueblo de su derecho al futuro.

4. Distancia irreductible y valentía diplomática
Como nos enseña Laudato si’ con la ecología integral, el clamor de la tierra es el mismo clamor de los pobres. La Carta de la Tierra nos llama a custodiar la vida con responsabilidad ética.

El Estado dominicano no puede jugar a la tibieza diplomática. En los foros internacionales debemos exigir, junto a los demás estados insulares:
1️⃣ Justicia climática real: Que los grandes emisores paguen las pérdidas y daños que hoy sufren nuestras comunidades.
2️⃣ Respeto estricto a la ciencia: Defensa del consenso científico frente al oscurantismo de las élites corporativas.
3️⃣ Coherencia interna: No podemos exigir afuera lo que destruimos adentro entregando dunas, ríos y áreas protegidas.

Nuestra frontera primera no es de alambre: es el río que sacia la sed, la cordillera que fecunda el valle y la tierra que nos alimenta. Decirle NO al negacionismo de Donald Trump es un deber de supervivencia para la patria dominicana.

¡Pasa la voz en tu comunidad, en tu iglesia, en tu escuela y en tu junta de vecinos!

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