Por Miguel Ángel Cid Cid
Los medios digitales de comunicación masiva cuentan otra historia en su composición y en la forma de comunicar. Repiten textos igual que los tradicionales. Pero están obligados a resumirlos para garantizar las vistas.
Hay productos que deben incluir —por necesidad— los medios digitales si quieren ser visitados con frecuencia. Entre ellos: hacerse de un programa que lea en voz alta los trabajos publicados. O sea, que los lectores tengan la opción de escuchar los textos.
La escucha no se trata de una herramienta para evitar la lectura. Tampoco para ponérsela fácil a los que leen con dificultad. El propósito fundamental consiste en darles a los usuarios la oportunidad de conocer el contenido de ciertos temas de interés mientras conducen. Es decir, aprovechar el tiempo mientras se trasladan al trabajo u otro destino.
El otro producto —hermano del primero— es el video para recrear o darle fuerza a la noticia. La publicación de videos incluye, por lo general, habilitar un canal de You Tube. El canal lleva el medio a crear, a su vez, un estudio para producir contenido de televisión.
Las dos herramientas señaladas podrían evolucionar hasta la inclusión de una emisora de radio digital.
Giovanni Sartori (1924 – 2017), politólogo italiano, observó —en Homo Videns—que el ser humano viviría atrapado en la cultura audiovisual.
El autor explica como mutó el ser humano de lo racional a convertirse en un mero espectador. De ser un lector acucioso a convertirse en una persona cuya mente está atrapada por la televisión. Ese ser humano Sartori lo llamó Homo Videns.
Los medios digitales, por derivación, son una consecuencia de esa cultura audiovisual. Van un poco más allá del Homo Videns. Están modelando el Homo Digital.
Pero la ventaja más importante de los medios digitales está en que los usuarios guardan colecciones completas de periódicos en un pequeño dispositivo digital. Si, igual al que tiene Robertico Ángel Salcedo, ministro de cultura. Ese con el que se la lució en la Feria del Libro de Madrid, España.
Los medios digitales, por otro lado, tienen ganado el derecho a copiar debido a su condición de empresa personal en su mayoría. Sin embargo, reproducir en los formatos digitales requiere un trabajo de síntesis para hacer atractivo el acto de leer. Pero sin perder el sentido.
La condición de empresa personal, propiedad de un solo individuo facilita, además, la proliferación de medios digitales. La propagación crea la oportunidad para que en cada territorio exista —cuando menos— un periódico digital. Esta característica permite que las noticias acontecidas en el lugar donde está la sede del medio sean publicadas por este. Que se conozcan en el país.
O sea que, los medios digitales —a pesar de sus debilidades— representan una oportunidad para las comunidades “del interior”, como suelen decir los capitaleños.
El periodismo dominicano —dice Marcos Sánchez, de Exposición Mediática— no es un bloque uniforme. Los hay de todo tipo.
Marcos Sánchez, periodista y escritor de La Romana, República Dominicana, dice: “hay medios, periodistas y proyectos que generan reportajes, investigaciones, entrevistas y contenidos propios”.
Cierto lo dicho por Marcos. Pero no menos cierto es que hace falta realizar más investigaciones que documenten las razones del mal y recomienden iniciativas para superarlo. Tanto los gremios periodísticos como las universidades y el gobierno deberían propiciar estudios que retraten la realidad del sector.
Igual de cierto es que, sin embargo, la irrupción de lo digital en la comunicación obligó a los medios tradicionales impresos o televisión a cambiar sus formatos. Los empujó, no solo a reducir el tamaño de sus medios, sino también a mudarse para el formato digital.
O, acaso es falso que la mayoría de los periódicos, emisoras de radio y canales de televisión pasaron al mundo digital. Y los que no, avanzan en el proceso de transformación hacia lo digital.
En suma, se aspira que la comunicación mute del “Homo Videns” popularizado por Sartori en 1998, hacia el Homo Digital. Una condición que describa un ser humano que aproveche la inteligencia artificial de manera racional. Que rechace ser usado como un mero espectador.
Que nadie se engañe, buscar la verdad —al final— depende siempre del lector o el usuario del medio.



