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La Fundación Zile destaca del juego de fútbol Haití-RD que se compartiera un momento de relevancia histórica

La trayectoria personal de (Wilson) Isidor ayuda a contextualizar. Es un jugador nacido y formado en Francia, que no conoce la sensibilidad de las relaciones entre Haití y República Dominicana. Además, tiene una cultura deportiva francesa, donde expresiones como “Ici, c’est Paris” (“Aquí es París”) forman parte del lenguaje de la hinchada y de la exaltación futbolística internacional. El club Paris Saint-Germain lo usa en cada victoria internacional, en cualquier país.

Santo Domingo.- El partido (de fútbol) entre las selecciones de República Dominicana y Haití, celebrado el 1 de octubre de 2026 en el Estadio Olímpico Félix Sánchez, debe analizarse como un acontecimiento deportivo de alta densidad social y política, observó la Fundación Zile.

En una declaración escrita, la organización dijo que el elemento principal no debe perderse: miles de dominicanos y haitianos, incluidas familias mixtas y personas portando ambas banderas, compartieron un partido de fútbol de relevancia histórica.

“El encuentro mostró simultáneamente las fragilidades de la relación dominico-haitiana y el enorme potencial del deporte como espacio de diálogo, pertenencia compartida y respeto mutuo”, destacó la Fundación Zile.

Fabrice-Jean Picault (delantero haitiano) y Xavier Valdez (portero dominicano) oran juntos después del partido de fútbol RD-Haití

El texto de la declaración

El partido entre las selecciones de República Dominicana y Haití, celebrado el 1 de octubre de 2026 en el Estadio Olímpico Félix Sánchez, debe analizarse como un acontecimiento deportivo de alta densidad social y política. El resultado, una victoria haitiana por 4-1, quedó inevitablemente atravesado por la tensión bilateral, dificultades de acceso al estadio, declaraciones controversiales de dos futbolistas haitianos y una respuesta gubernamental dominicana que, por su carácter general, puede producir efectos contraproducentes para la convivencia insular.

No obstante, el elemento principal no debe perderse: miles de dominicanos y haitianos, incluidas familias mixtas y personas portando ambas banderas, compartieron un partido de fútbol de relevancia histórica. El encuentro mostró simultáneamente las fragilidades de la relación dominico-haitiana y el enorme potencial del deporte como espacio de diálogo, pertenencia compartida y respeto mutuo.

  1. Contexto sociopolítico

Las relaciones entre República Dominicana y Haití atraviesan un período de elevada sensibilidad. Por un lado, la crisis multidimensional haitiana marcada por la expansión territorial de bandas armadas, la inseguridad, el debilitamiento institucional y el desplazamiento de población ha intensificado los flujos migratorios y las demandas de asistencia internacional. Por otro, estos procesos han alimentado, en República Dominicana, preocupaciones legítimas sobre seguridad, control fronterizo y capacidad estatal.

Sin embargo, esas preocupaciones coexisten con discursos nacionalistas que generalizan la condición haitiana, vinculan indebidamente a la población migrante con criminalidad o desorden, y reproducen prejuicios históricos. En ese clima, un partido entre ambas selecciones adquiere una carga que supera ampliamente lo deportivo: la presencia numerosa de aficionados haitianos es leída por ciertos sectores como una amenaza, cuando en realidad constituye una expresión normal de identidad, pasión deportiva y pertenencia comunitaria.

  1. Expectativas deportivas

El encuentro correspondía a la tercera jornada del Grupo A de la Liga A de Naciones de Concacaf 20262027. Ambas selecciones llegaban con seis puntos y sin derrotas en sus dos primeras presentaciones; por tanto, se disputaban una posición ventajosa hacia la clasificación y una mayor proyección competitiva en el torneo.

Para Haití, el partido tenía además un valor emocional particular, ya que el último encuentro, en 2013, terminó con una victoria dominicana por 3-1. Esta era la oportunidad de tomar la revancha.

Para República Dominicana, representaba una oportunidad de consolidar el crecimiento reciente de su selección, que buscaba defender un invicto como local y competir ante una escuadra haitiana de mayor tradición internacional, además de ser mundialista.

  1. Incidentes de acceso y seguridad

Los testimonios iniciales recopilados rápidamente por la Fundación Zile entre personas dominicanas y haitianas presentes, así como los reportes públicos disponibles, apuntan a un problema principal de previsión organizativa, control de accesos y dimensionamiento del dispositivo de seguridad frente a una demanda excepcional.

Carlens Arcus, defensor haitiano, ayuda a Dorny Romero, atacante dominicano, a ponerse de pie tras un mano a mano

La Federación Dominicana de Fútbol esperaba originalmente entre 10,000 y 12,000 espectadores, pero informó la venta de 23,604 boletas. Las estimaciones de presencia total se sitúan alrededor de 25,000. El estadio tiene una capacidad deportiva que las fuentes especializadas sitúan aproximadamente entre 24,863 y 27,000 espectadores; por ello, el recinto estuvo prácticamente lleno o por encima de la capacidad de asientos ordinarios.

Asistencia y capacidad                   Cifras del informe

Expectativa inicial                                      10,000–12,000 espectadores

Boletas vendidas                                        23,604

Presencia total estimada                         Alrededor de 25,000

Capacidad deportiva aproximada           24,863–27,000 espectadores

El problema central fue la concentración de cientos de personas fuera del estadio en un proceso de entrada que resultó dificultoso para muchos aficionados, especialmente para quienes vinieron del extranjero. En un estadio con tres entradas desde las avenidas 27 de Febrero, Ortega y Gasset y John F. Kennedy, no había señalización clara para indicar dónde acceder a las gradas Oeste o Este; los acomodadores y escaneadores eran muy pocos. Aproximadamente media hora antes del partido, pautado para las 8:00 p. m., se produjeron aglomeraciones tanto de haitianos como de dominicanos, retrasos en los controles de seguridad, empujones y un forcejeo en uno de los accesos, específicamente en la puerta 22 del área Este. En ese contexto, cayó o resultó afectado un portón de entrada; este fue el principal daño material reportado y, dicho sea de paso, fue reparado al otro día.

Es importante señalar que los haitianos, cuando asisten a un partido en el extranjero, buscan llegar a tiempo para poder cantar orgullosamente su himno nacional, como se vio recientemente en los encuentros amistosos previos al Mundial y durante este, especialmente en Miami, Boston, Filadelfia y Atlanta.

En el Félix Sánchez, los testimonios recopilados desmienten que hubiera un patrón de vandalismo organizado dentro del estadio. Las fuentes reportan una situación que debe investigarse más a fondo, posiblemente mediante cámaras de vigilancia: algunos de los agentes del orden presentes trataban de pedir dinero para facilitar la entrada. En cambio, lo que está documentado en video es el uso de gas lacrimógeno y dispositivos tipo táser durante el incidente y, de manera incomprensible, a la salida de los aficionados, lo que habría ocasionado heridas leves y el extravío de documentos y teléfonos. Debe reconocerse, al mismo tiempo, que la situación fue controlada en un período breve y que otros agentes de seguridad brindaron asistencia a personas afectadas.

La propia Federación Dominicana de Fútbol calificó posteriormente lo ocurrido como “incidentes menores”, afirmando que las expectativas de asistencia fueron ampliamente superadas. Esta caracterización no elimina la necesidad de una revisión rigurosa de protocolos; más bien refuerza la conclusión de que se trató de una deficiencia puntual de gestión preventiva y no de una crisis de orden público que justifique medidas colectivas contra una nacionalidad o selección.

Resulta relevante contrastar los incidentes iniciales con el tono que predominaba durante el desarrollo del encuentro. Al medio tiempo, el ministro de Deportes, Kelvin Cruz, saludó efusivamente la calidad y el ambiente del espectáculo, describiéndolo como “un partidazo de fútbol de primera categoría” y señalando que cualquiera podía confundirse pensando que estaba en Europa, según registros de la transmisión y testimonios citados por asistentes. Esta valoración expresa que, una vez superado el problema de acceso, el estadio albergó un evento de alto nivel y una afición mayoritariamente entusiasta de dominicanos y haitianos.

  1. Desarrollo del encuentro

En lo deportivo, Haití venció 4-1 a República Dominicana. Louicius Deedson abrió el marcador en el minuto 9; Wilson Isidor anotó en los minutos 51 y 67; Yassin Fortuné cerró la cuenta en el 76; y Dorny Romero anotó el gol dominicano en el minuto 55.

Un momento destacado fue el penal atajado por el guardameta dominicano Xavier Valdez a Wilson Isidor en el minuto 23. La intervención mantuvo a República Dominicana en partido durante la primera etapa y fue celebrada con intensidad por la afición local.

También merecen reconocimiento los gestos de respeto entre los jugadores. En particular, Xavier Valdez, portero de la selección dominicana, y Fabrice-Jean “Fafà” Picault, delantero haitiano, realizaron una oración juntos, imagen de alto valor simbólico que merece ser documentada y difundida como contrapeso a las narrativas de confrontación. Picault integró el ataque haitiano junto a Wilson Isidor.

Los abrazos, saludos y muestras de cariño entre futbolistas de ambos equipos fueron la conducta propia de profesionales que reconocen al rival como colega. Esa dimensión del partido debe ocupar un lugar central en cualquier evaluación pública: en el terreno de juego predominó la competencia deportiva, no la animosidad nacionalista.

  1. Declaraciones controversiales

Luego del encuentro, Wilson Isidor emitió una expresión que desató una controversia considerable. En un video difundido después del partido se le escucha decir: “Hispaniola es Haití. Aquí es Haití”. La expresión, por el peso del pasado histórico entre los dos países, fue ampliamente rechazada por diversos sectores dominicanos, incluidos importantes actores políticos que subrayan que la isla está dividida en dos Estados soberanos, por lo cual lo dicho pudiera sugerir una unificación. Algunas voces han llegado a proponer que el jugador sea declarado persona no grata en el país.

La trayectoria personal de Isidor ayuda a contextualizar. Es un jugador nacido y formado en Francia que no conoce la sensibilidad de las relaciones entre Haití y República Dominicana. Además, tiene una cultura deportiva francesa, donde expresiones como “Ici, c’est Paris” (“Aquí es París”) forman parte del lenguaje de la hinchada y de la exaltación futbolística internacional. El club Paris Saint-Germain lo usa en cada victoria internacional, en cualquier país.

Es un eslogan que surgió en el 2000. No obstante, trasladar ese tipo de fórmula a un contexto dominico-haitiano, sin apreciar sus implicaciones históricas y territoriales, no fue oportuno.

También se han señalado declaraciones del exinternacional Duckens Nazon, quien, como Isidor, nació y se crio en Francia y tampoco parece haber ponderado suficientemente la sensibilidad local.

Sobre el caso Isidor, la Federación Haitiana de Fútbol (FHF) publicó un comunicado en el que pide preservar el contexto en el cual se usó la expresión y que no sea utilizada para fines ajenos al fútbol. Asimismo, reafirmó su apoyo a los jugadores en su manera de expresar su identidad y su apego a Haití.

Por su parte, la Federación Dominicana de Fútbol anunció que formulará una queja administrativa ante FIFA y Concacaf. Esta es la vía institucional adecuada: documentar, solicitar evaluación y esperar una decisión basada en reglamentos, sin promover represalias colectivas.

 

  1. Respuesta política desproporcionada y confusa

El Ministerio de Deportes anunció, en un primer momento, la prohibición total de que la selección haitiana volviera a disputar partidos en instalaciones deportivas de República Dominicana. El ministro Kelvin Cruz, quien recibió el respaldo del presidente, justificó la decisión en los incidentes de acceso, el daño a un portón y la necesidad de proteger las instalaciones públicas.

Del lado haitiano, a diferencia de lo ocurrido en Santo Domingo, hasta ahora no ha habido un pronunciamiento al más alto nivel sobre el caso. El primer ministro se limitó a felicitar a la selección por su victoria. A su vez, algunos medios dominicanos publicaron una noticia según la cual la Embajada de Haití se habría desmarcado de lo ocurrido, versión que fue desmentida por la misión diplomática.

En el desarrollo del caso, el ministro Cruz intervino por segunda vez para aclarar que la medida se refería únicamente a la posibilidad de que Haití utilizara instalaciones dominicanas para disputar partidos como local. Según explicó, sus declaraciones respondían a una pregunta periodística sobre ese tema. Precisó entonces que Haití podría seguir jugando en República Dominicana en condición de visitante.

Conviene distinguir una solicitud institucional formal de una posibilidad comentada en una conferencia de prensa. Lo que se había planteado públicamente era una sugerencia del entrenador español David Badía Cequier, ante una pregunta sobre la posibilidad de que Haití jugara como local en territorio dominicano; no debe presentarse ese intercambio, por sí solo, como una solicitud oficial de la Federación Haitiana de Fútbol.

El ministro también sugirió que los jugadores debían pedir perdón a República Dominicana, al considerar que no habían valorado la oportunidad de jugar en un estadio majestuoso y que habían aprovechado un partido de fútbol para emitir expresiones irrespetuosas hacia el pueblo dominicano.

No cabe duda de que se trata de una gestión altamente política, además de desproporcionada respecto de los hechos conocidos. La diferencia entre el anuncio inicial de una prohibición total y su posterior aclaración introduce, asimismo, una confusión que pudo evitarse con una comunicación precisa desde el principio.

Si la medida responde a los incidentes de acceso, estos fueron limitados en el tiempo, se concentraron en un punto específico y evidencian fallas de previsión organizativa que corresponden también a los organizadores, las autoridades de seguridad y la administración del recinto. Cabe mencionar que situaciones parecidas se han registrado en otras disciplinas deportivas en República Dominicana, como el baloncesto y el béisbol. Si responde a las declaraciones de Isidor y Nazon, se trata de responsabilidades individuales que deben tramitarse ante FIFA y Concacaf, no de una sanción colectiva al equipo, sus jugadores, su cuerpo técnico y su afición.

Una política de vecindad responsable no debe confundir a una delegación deportiva con las acciones de un grupo de asistentes ni convertir expresiones controversiales de individuos en castigo contra una selección completa. La decisión puede agravar la confrontación simbólica, impedir futuros espacios de convivencia y enviar una señal adversa a la comunidad haitiana residente, sin resolver las deficiencias de seguridad identificadas.

  1. Presencia haitiana y manipulación mediática

La presencia predominante de fanáticos haitianos tuvo explicaciones deportivas y comunitarias concretas:

  • La afición haitiana mantiene una tradición futbolística intensa y una alta identificación con su selección nacional.
  • Haití ha tenido dificultades para disputar partidos internacionales como local; por ello, cada ocasión de acompañar a la selección en un país cercano adquiere una importancia extraordinaria.
  • Hubo movilización de comunidades de la diáspora haitiana desde Estados Unidos, Canadá y Francia, además de personas llegadas desde Haití y de residentes en República Dominicana. • Asistieron figuras culturales, empresariales, comunitarias y políticas haitianas, entre ellas referentes de plataformas digitales, música y entretenimiento.
  • El fútbol no es aún un deporte tan popular en República Dominicana como para interesar a un mayor público criollo.

La importante presencia haitiana, incluidos residentes con estatus migratorio regular o en procesos administrativos, no autoriza a equipararla con una amenaza de “invasión”. El Plan Nacional de Regularización de Extranjeros (PNRE) registró 244,363 haitianos entre 2014 y 2015. Antes del proceso había alrededor de 13,000 haitianos legales. Después del mismo, igualmente, cientos han adquirido, a través de los mecanismos migratorios, su residencia e incluso la naturalización.

Es objetivamente comprensible que miles de personas acudieran con boletas o intentaran acceder a un evento internacional de gran valor simbólico que fue afectado parcialmente, fundamentalmente por la falta de planificación y de organización. La responsabilidad mayor no debe recaer en los participantes, sino en los organizadores.

Por otro lado, sectores políticos y mediáticos intentaron presentar banderas haitianas, cánticos y la interpretación orgullosa del himno nacional como una provocación. Esa lectura confunde una manifestación normal de apoyo deportivo con hostilidad. Llevar una bandera, cantar el himno o celebrar a una selección no constituye, por sí mismo, un acto de irrespeto a República Dominicana. Si así se toma hay otras cosas detrás.

Cabe destacar también que, antes del partido, figuras de redes sociales y líderes comunitarios promovieron llamados al buen comportamiento de parte de los aficionados haitianos. Después del encuentro, un grupo de jóvenes profesionales, coordinado por el profesor Aland Cadet y vinculado al Comité de la Semana de la Diáspora, participó en la limpieza del estadio, lo cual constituye un ejemplo cívico de gran valor: una comunidad que acompaña a su selección respeta el espacio que la recibe y contribuye a dejarlo en condiciones adecuadas.

  1. Contribución haitiana al fútbol dominicano

El fútbol haitiano no es ajeno al desarrollo del balompié dominicano. Jugadores haitianos han participado en la Liga Dominicana de Fútbol, han formado parte de las primeras generaciones de la selección nacional, también en equipos comunitarios, en academias y en espacios de formación informal, aportando competitividad, técnica, disciplina y una cultura futbolística consolidada.

El caso de Charles Herold Jr. ilustra esa contribución: el mediocampista haitiano fue parte relevante de Cibao FC y participó en una etapa ganadora del club, con cinco títulos de LDF entre 2018 y 2024.

Igualmente, se puede mencionar a Junior Scheldeur, actual director técnico del Cibao FC y el más destacado de los técnicos haitianos de la liga dominicana.

La historia del fútbol en República Dominicana no puede contarse sin los haitianos. En ese sentido, la relación futbolística debe entenderse como una oportunidad de crecimiento mutuo. Haití posee una tradición competitiva más larga y un historial favorable ante República Dominicana; esta realidad debe servir como estímulo para fortalecer las canteras, profesionalizar estructuras y ampliar el mercado futbolístico dominicano, no como razón para el rechazo.

Conclusiones y recomendaciones

El balance preliminar permite concluir que el partido fue, en lo esencial, una manifestación masiva de pasión deportiva y coexistencia entre comunidades. Los incidentes de acceso fueron reales, pero limitados, concentrados y vinculados a fallas de previsión frente a una asistencia que duplicó las expectativas iniciales. No hubo ni un solo caso de vandalismo como tal. En el momento de los incidentes había haitianos y dominicanos que querían entrar al estadio. Sin embargo, ya miles estaban adentro por lo cual no es justo atribuir responsabilidad colectiva a los haitianos, a su diáspora o a la selección nacional de Haití.

Las declaraciones de Wilson Isidor y Duckens Nazon son ciertamente controversiales, pero deben ser ponderadas con todos los elementos contextuales y tratadas mediante los mecanismos deportivos correspondientes, y no como fundamento para castigos colectivos o para deteriorar la convivencia binacional.

Fundación Zile recomienda:

  1. Solicitar a Concacaf una investigación técnica, independiente y transparente sobre los hechos de acceso, el diseño de seguridad, el uso de la fuerza, posibles lesionados, daños materiales y responsabilidades operativas.
  2. Requerir a Fedofútbol, al Ministerio de Deportes, al Centro Olímpico y a los organismos de seguridad la publicación de un informe verificable de incidentes, con cronología, número de entradas vendidas, aforo autorizado, protocolo aplicado, personal desplegado, daños y personas atendidas.
  3. Promover una reunión urgente entre las federaciones de fútbol de Haití y República Dominicana, con acompañamiento de Concacaf, para acordar un protocolo de convivencia, comunicaciones públicas responsables y medidas de prevención para futuros partidos.
  4. Impulsar un diálogo político de alto nivel entre autoridades de ambos países que diferencie los conflictos migratorios, de seguridad y diplomáticos de los vínculos deportivos, culturales y comunitarios entre los pueblos.
  5. Recomendar la revisión o suspensión de la prohibición general contra la selección haitiana, sustituyéndola por condiciones objetivas de seguridad, aforo, boletería nominativa, control de accesos, coordinación policial y responsabilidades claramente definidas.
  6. Crear una mesa de trabajo permanente sobre deporte, juventud y convivencia insular, con participación de organizaciones de la sociedad civil, academias, clubes, diáspora, comunicadores y autoridades deportivas.
  7. Desarrollar una estrategia de monitoreo y respuesta frente a discursos de odio, desinformación y manipulación mediática, con el fin de diferenciar hechos confirmados de interpretaciones xenófobas o nacionalistas.
  8. Visibilizar las expresiones positivas del encuentro: familias mixtas, banderas compartidas, el gesto de oración entre Xavier Valdez y Fabrice Picault, el intercambio respetuoso entre jugadores y la participación de jóvenes en la limpieza posterior del estadio.

El partido dejó una advertencia y una oportunidad. La advertencia es que una mala organización, discursos imprudentes y respuestas estatales desproporcionadas pueden convertir el fútbol en un amplificador de la desconfianza. La oportunidad es demostrar que República Dominicana y Haití pueden competir con intensidad en la cancha, defender sus respectivas dignidades nacionales y, al mismo tiempo, construir relaciones basadas en respeto, reglas y reconocimiento de la humanidad compartida.

Sobre la Fundación Zile

La Fundación Zile (FZ) es una organización binacional sin fines de lucro, creada en Santo Domingo en mayo de 2005 e integrada por haitianos y dominicanos. Durante 21 años ha contribuido al fortalecimiento de las relaciones entre Haití y la República Dominicana, promoviendo el diálogo, la cooperación, la solidaridad y la convivencia pacífica, así como el acompañamiento a migrantes haitianos en la República Dominicana y dominicanos en Haití. Entre sus iniciativas se encuentran la Semana de la Diáspora y los Premios Diáspora, espacios de encuentro y reconocimiento que favorecen el entendimiento entre ambos pueblos. La Fundación está copresidida, del lado haitiano, por el obispo anglicano Ogé Beauvoir y, del lado dominicano, por el padre católico romano Julio (Julin) Acosta.

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