Por Miguel Ángel Cid Cid
El estigma de terco, radical e irracional lo achacaron siempre a los políticos denominados de izquierda. Con el cambio de siglo ese mote se mudó. Ejemplos los hay por montones. Pero el mejor es Abelardo de la Espriella.
Los viejos de antes decían, a los comunistas les importaba un bledo el Estado, el gobierno y menos la familia. Los extremos por fin se encontraron. Ahora la extrema derecha es la amenaza principal para la existencia del Estado.
El gobierno estrenado el 7 de agosto de 2026 por Abelardo de la Espriella en Colombia, por derivación, aporta pruebas sobradas.
Abelardo de la Espriella, presidente de Colombia ―dicho en buen dominicano― inició su mandato como la auyama. Tres días después de juramentarse la naturaleza le puso un terremoto de 7,4. Una oportunidad para demostrar su voluntad de servicio. Se guayó.
La sacudida telúrica desató una ola de generosidad y solidaridad en el pueblo colombiano y en los países hermanos. Sin embargo, De la Espriella decidió objetar parte de esa solidaridad internacional. Rechazó, por ejemplo, la ayuda proveniente de México.
En principio, negó la entrada al veterano equipo de rescate mexicano llamado Los Topos. Porque Abelardo es un presidente puro. Solo recibirá donaciones provenientes de Estados Unidos, Israel, El Salvador, Argentina, Ecuador, etc. O sea, de países ¿democráticos?
De la Espriella, en consecuencia, le dio carácter ideológico a la solidaridad de los pueblos hermanos. Y para colmo, las primeras visitas a la zona de desastre fueron como viernes de rumba. A ritmo de risas, besos al aire y lanzando balones de fútbol a los muchachos.
La actuación de Abelardo en medio de la calamidad no puede ser más alentadora. Es como si estuviera diciéndole a todos, tranquilos que aquí está De la Espriella, el berraco.
No se puede ser mezquino. Hay que reconocer que De la Espriella es tan brillante como una estrella opaca. El más mínimo movimiento a su alrededor es una oportunidad de protagonismo.
Aprovechó, a propósito, la agonía del desastre para revocar la resolución que prohibía la minería en la quebrada La Baja y el Páramo de Santurbán. La resolución prohibitiva se publicó en el gobierno de Gustavo Petro. Los intereses mineros están igual que la primera dama, de risitas.
Y de paso, De la Espriella también busca financiar la reconstrucción con préstamos ascendentes a unos 9,500 millones de dólares equivalentes a 30 billones de pesos colombianos. Todo por rechazar ayudas impuras.
Importa poco que los préstamos exagerados amarren el futuro de los gobiernos sucesivos. Que faltan cerca de 9,500 millones de dólares ―30 billones de pesos colombianos― para la reconstrucción, eso sí que importa.
Los montos son una estimación producto de la evaluación de las pérdidas físicas en los departamentos el Chocó, Valle del Cauca y Risaralda.
Por otro lado, el presidente facho ―autoritario― dejó de atender a los miles de colombianos que perdieron sus hogares por el terremoto. O están bajo los escombros. En su lugar decidió priorizar la reconstrucción de la fachada de la catedral.
Porque los colombianos tienen que saber que con De la Espriella terminó el rechazo tradicional de la izquierda a la iglesia. Que ahora la iglesia en todo va primero.
Ana Lucía Pineda, primera dama de Colombia, le puso la cereza al pastel, creó una fundación para controlar las ayudas recaudadas. Colombia, un solo corazón: slogan que impulsa la fundación Colombia Luz y Sonrisas. Porque según Nicolás Guilleen “las sonrisas arden como divisas”.
Será que el corazón, según lo anterior, sonríe aplastado por el pastel de los escombros. Para asegurarse, Pineda se autonombró representante legal de la ONG.
La Constitución es el marco jurídico-filosófico que da sentido a la existencia de un Estado soberano. Sin embargo, a De la Espriella le importa poco lo que dicte la Carta Magna colombiana. En sus primeros seis días se anotó cuatro violaciones a la Constitución, dos de ellas afectan directamente la soberanía de la patria.
Parece que los defensores de la Constitución de 1991 escasean. Estarán durmiendo la siesta.
En suma, la chimba marcha a buen ritmo. Del Estado colombiano cada día queda menos. De Macondo solo se hablará en la biblia. No. El ejército no será destruido. Abelardo, por el contrario, lo transforma a su medida e intereses.
¿Será que se apagará la estrella de De la Espriella?





