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Darializa entre sonrisas y firmeza

Por Fidel Soto Castro

La burda y agresiva campaña desatada contra la joven neoyorquina Darializa Ávila Chevalier constituye una muestra de intolerancia frente a la discrepancia y, más grave aún, del uso del odio, los prejuicios y la mentira como instrumentos para desacreditar a quien sostiene una posición diferente.

Pretendieron arrinconarla mediante ataques personales, descalificaciones y campañas de descrédito, sin comprender que el odio y la falsedad pueden avanzar rápidamente, pero tarde o temprano terminan alcanzados por la verdad.

Muchos de sus adversarios no debatieron propuestas ni confrontaron ideas. Prefirieron el camino de la difamación y la descalificación personal.

Intentaron etiquetarla como haitiana, como si el origen nacional de una persona constituyera una ofensa o un delito.

Con ello no solo atacaban a Darializa, sino que revelaban una preocupante concepción de la identidad nacional basada en el rechazo al otro.

La dominicanidad no necesita del antihaitianismo para afirmarse. El amor a la patria no requiere odio hacia ningún pueblo. Ser dominicano no consiste en despreciar a los haitianos ni a ninguna otra nacionalidad, sino en valorar nuestra historia, nuestra cultura, nuestra soberanía y nuestros símbolos nacionales. Una identidad construida sobre el resentimiento termina debilitándose; una identidad basada en la dignidad, el respeto y la conciencia de sí misma se fortalece y perdura.

Quienes intentaron utilizar la nacionalidad como arma arrojadiza olvidaron una verdad elemental: una persona no es más o menos dominicana por los insultos que reciba en las redes sociales. Darializa es tan dominicana como cualquier ciudadano que ame este país, respete sus valores y se comprometa con su gente.

Y mientras se multiplicaban los ataques, Darializa respondió con una sonrisa. Una sonrisa serena, pero firme. Un gesto de dignidad frente a la provocación. Sin estridencias, sin insultos y sin recurrir a la violencia verbal, enfrentó una avalancha de descalificaciones con la tranquilidad de quien confía en sus convicciones.

El griterío, la grosería y el odio no lograron detener la marcha de la joven de la sonrisa firme. El bullicio insolente de quienes apostaban a la manipulación terminó encontrándose con ciudadanos capaces de pensar por sí mismos y de valorar las ideas por encima de los prejuicios.

La historia demuestra que el peor enemigo de la verdad no es la mentira, sino la ignorancia que la alimenta. Por eso, cada vez que una persona es atacada por expresar sus opiniones, la mejor respuesta sigue siendo la defensa de la libertad, el respeto y el debate democrático.

Darializa es dominicana. Es patriota. Es una joven comprometida con sus ideas y con su tiempo. Y, como tantas personas que alzan la voz frente a las injusticias, trasciende las fronteras porque entiende que la solidaridad humana no tiene nacionalidad.

Defender la dignidad de los pueblos, rechazar la discriminación y promover el respeto a la condición humana no disminuye el amor por la patria; por el contrario, lo ennoblece.

Las campañas de odio suelen ser estruendosas, pero efímeras. La dignidad, en cambio, suele ser silenciosa, pero perdurable.

Quienes apostaron por la descalificación personal creyeron que podían derrotar una idea mediante insultos. Sin embargo, olvidaron que las sociedades avanzan cuando prevalecen los argumentos sobre los prejuicios y el respeto sobre la intolerancia.

Darializa respondió con serenidad, y en ocasiones una sonrisa firme vale más que mil gritos de odio.

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