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Un acto de soberanía

Por Juan TH

La República Dominicana, con todo su derecho de país libre y soberano, por lo menos en el papel, participó en la lV Cumbre en Defensa de la Democracia celebrada en Barcelona, España, con la participación de lideres de pensamiento de izquierda entre los que se encontraban Luis Inácio Lula da Sirva, de Brasil, Claudia Sheinbaum, de México, Pedro Sánchez, de España y Gustavo Petro, de Colombia, entre otros, ante el avance vertiginoso de la derecha impulsados por el gobierno de Estados Unidos que preside Donald Trump.

En un acto de soberanía, el gobierno dominicano envió al ministro de Justicia, doctor Antoniano Peralta para que ofreciera una conferencia sobre la desinformación digital y los daños que provoca globalmente, sobre todo en estos tiempos convulsos de conflictos bélicos que amenazan la gobernabilidad y la estabilidad democrática.

El hecho, cierto, de que el gobierno dominicano mantiene una estrecha relación con EE. UU. que raya en la dependencia política, económica y social, no le impide participar en una reunión de líderes europeos y latinoamericanos para exponer su punto de vista sobre un tema tan importante como la manipulación y la desinformación que amenazan incuestionablemente la democracia el hemisferio.

Justamente por esos lazos extremadamente estrechos con el presidente Trump, la República Dominicana no firmó la declaración final. Su participación se limitó a exponer, de manera brillante, su postura ante el fenómeno de la información y la desinformación, la inteligencia artificial, el metaverso, en las redes sociales, como instrumento mediático decisivo en la toma de decisiones políticas.

¡Fue un acto de soberanía!

El país no tenía que pedirle permiso a la señora embajadora Leah Francis, ni al presidente Donald Trump.

El presidente Luís Abinader, responsable de la política exterior recibió una invitación vía cancillería y decidió enviar a un digno representante, el ministro de Justicia, doctor Antoniano Peralta Romero.

No había ningún motivo, por el contrario, para rechazar la invitación a la IV cumbre en Defensa de la Democracia celebrada en España, país con el cual existen excelentes políticas, con enormes inversiones económicas en el sector turístico, principalmente.

Insisto, fue un acto de soberanía nacional.

La guerra de Estados Unidos, Israel e Irán, Ucrania, Rusia, la OTAN, han puesto el mundo en una situación de crisis global. La primera victima de una guerra siempre es la verdad, por el alto nivel de manipulación y desinformación en torno a los hechos.

Los avances de la “derecha” tanto en Europa como en América Latina con el respaldo absoluto del presidente Trump y los organismos financieros y de inteligencia, son innegable y preocupantes. El encuentro en Barcelona, por lo tanto, no era descabellado ni antojadizo. Se correspondía con una preocupación legitima.

Algunos medios de comunicación en Estados Unidos han calculado que Trump ha mentido 35 mil veces, 50 mentiras por día. ¡Un récord universal para cualquier mandatario en el mundo! Al presidente Trump hay que quitarle el móvil. Prohibirle el uso del celular, aunque sea por un mes.

El gobierno dominicano, en la persona de su presidente Luís Abinader, participó activamente en la cumbre de las Américas con la presencia del presidente Donald Trump, junto a otros mandatarios de la región, también como acto de soberanía, al que tiene pleno derecho.

Un país pequeño como el nuestro, con una economía igualmente pequeña, pero en crecimiento constante, en medio de una isla fragmentada, con unos vecinos violentos, no puede tomar participo en la confrontación geopolítica de EE. UU. y el resto del mundo, por muy dependiente que seamos del coloso del Norte.

La neutralidad, creo, en lo más aconsejable, como lo hizo Suecia durante la Segunda Guerra Mundial.

Respaldo plenamente el envío del presidente Abinader de un representante como Antoniano Peralta al encuentro de líderes liberales de Europa, Latinoamérica y África, en un gesto simbólico, si se quiere, de soberanía nacional, que ningú8n procónsul imperial puede impedir de pleno derecho.

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