Por Héctor Julio Peña
Los Alcarrizos.- En los últimos años, el municipio de Los Alcarrizos había logrado algo que no siempre es fácil de construir ni de sostener: una relación de respeto y cooperación entre la ciudadanía y la Policía Nacional. Desde los tiempos de la pandemia, se fue consolidando un modelo basado en el diálogo, la cercanía y el trabajo conjunto, donde autoridades y comunidad parecían avanzar en la misma dirección.
Durante ese período, varios comandantes regionales dejaron una huella positiva. Oficiales como el coronel Grullón, Suárez Burgos, el fallecido Frías Candelario, Díaz Mariano, y posteriormente el general Escalante Alcántara, compartieron una característica común: entendieron que la seguridad no se impone únicamente con fuerza, sino que se construye con confianza. Apostaron al acercamiento con juntas de vecinos, líderes comunitarios, empresarios, iglesias y medios de comunicación, creando un ambiente donde la prevención y la colaboración eran pilares fundamentales.
Ese enfoque dio resultados. Los Alcarrizos llegó a posicionarse como una de las zonas con menor índice delictivo en la región, no por casualidad, sino como fruto de un trabajo estratégico y focalizado. Las intervenciones policiales eran más precisas, dirigidas a los focos reales de delincuencia, sin afectar innecesariamente a ciudadanos trabajadores y respetuosos de la ley.
Sin embargo, hoy la percepción en las calles es otra. Lo que antes era cercanía, ahora muchos lo describen como distancia. Donde había diálogo, hoy se denuncia silencio. Y donde predominaba el trabajo en equipo, surgen quejas de actuaciones arbitrarias.
Las redadas masivas, el cierre de negocios sin aparente orden judicial, los operativos indiscriminados y el trato inadecuado a ciudadanos —incluyendo personas vinculadas a la iglesia y sectores productivos— han generado preocupación. No se trata de rechazar la labor policial, que es necesaria e imprescindible, sino de cuestionar la forma en que se está ejecutando.
La seguridad ciudadana no puede construirse sobre la base del miedo ni del abuso. La autoridad pierde legitimidad cuando se aleja de la gente a la que debe servir. Y lo más preocupante: se corre el riesgo de deshacer en poco tiempo lo que tomó años edificar.
Por eso, el llamado es claro. Al director general de la Policía, el mayor general Modesto Cruz Cruz, y a las actuales autoridades en Los Alcarrizos, como el general Eddy Peralta, se les pide algo tan básico como esencial: escuchar.
Escuchar a los comunitarios.
Escuchar a los comerciantes.
Escuchar a los líderes sociales y a los medios locales.
Los Alcarrizos no es una “zona salvaje” que necesita ser sometida, es una comunidad trabajadora que ha demostrado que puede avanzar cuando se le respeta y se le integra. Aquí hay capital humano, liderazgo y voluntad de progreso.
Retomar el camino del diálogo no es una señal de debilidad, es una muestra de inteligencia institucional. Volver a un modelo de trabajo conjunto permitiría no solo recuperar la confianza, sino también fortalecer los resultados en materia de seguridad.
El verdadero éxito de una gestión policial no se mide únicamente en estadísticas, sino en el respeto, la legitimidad y el respaldo que recibe de su gente.
Los Alcarrizos ya vivió una etapa de paz construida en equipo. La pregunta ahora es si se permitirá que ese avance se pierda, o si habrá la voluntad de corregir el rumbo.
Porque cuando la autoridad y la comunidad caminan juntas, gana el pueblo. Y cuando se separan, todos pierden.


