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La abstención electoral, ahora preocupa

Por Miguel Ángel Cid Cid

Por qué los ciudadanos deciden abstenerse de votar en unas elecciones. La interrogación debería hacerse a los pocos días de la celebración de las votaciones. El descontento se expresa íntegro mientras está fresquecito. ¿No será tarde?

Nadie niega la importancia de conocer por qué los electores cuando llega el día de votar se desencantan. Por eso será recibido siempre con optimismo todo estudio realizado en ese sentido. Pero hecho en el tiempo que amerita. Ajustado a la verdad.

La sospecha se basa en que el descontento por ir a sufragar viene aumentando desde las elecciones de 2016. Parece que taparon los datos y se les olvidó.

Pasaron cuatro años desde 2016, tras su paso llegaron —en 2020— nuevas elecciones generales. La abstención creció como nunca antes. Justificar el ausentismo electoral parecía pan comido. Los votantes no querían contagiarse con la COVID-19. Miedo a la pandemia.

Nadie recuerda, sin embargo, el sabotaje a las elecciones municipales celebradas tres meses antes de las presidenciales de 2020. Nadie sabe qué pasó con los saboteadores una vez fueron identificados por las autoridades. Nadie sabe dónde está el famoso coronel que fue detenido en su momento. Lo premiaron.

Poco tiempo después el gobierno del presidente electo Luis Rodolfo Abinader Corona ascendió el coronel y lo designó jefe de la policía nacional. Increíble.

Otra vez el paso del tiempo sorprendió a las autoridades electorales. En un abrir y cerrar de ojos estaban emburujadas en la organización de las elecciones municipales y presidenciales de 2024. No hubo interés en saber por qué tantos ciudadanos se quedaron en la casa.

La ausencia de datos, en consecuencia, dificulta la previsión, hace imposible tomar medidas para corregir el problema. Adiós Plan B.

El desencanto ha crecido de manera tal que, es innecesario esperar el certamen electoral de 2028 para percibirlo. La Junta Central Electoral (JCE) entró en pánico. Se desesperó.

La incertidumbre parece que llevó a la JCE a ordenar un estudio urgente sobre la abstención electoral en la República Dominicana. La calificación parece que la publicaron antes de realizar el examen.

El informe publicado establece que el estudio se limita a las elecciones de 2016 hasta 2024. Pero ofrece información evaluativa desde 1978. Por poquito retroceden al 1962.

El análisis se titula «Estudio sobre la abstención electoral en la República Dominicana: voto nacional y en el exterior». La coordinación la hizo el Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH) al través del Centro de Asesoría y Promoción Electoral (CAPEL).

Lo que la JCE debería tener clarito es que la confianza de los electores en el sistema no se consigue publicando análisis maquillados. Los electores necesitan estar seguros que su voluntad —expresada en las urnas— será respetada.

Necesitan, además, que los miembros de la JCE abandonen los privilegios extremos a los partidos mayoritarios. Que terminen las componendas.

La población electoral anhela ver que, los delitos electorales sean sancionados de manera transparente. Caiga quien caiga.

Por todo lo anterior resulta sospechoso que la Junta Central Electoral se embarque —ahora— en la tarea de conocer por qué sigue creciendo la abstención electoral. Pocos confían en el organismo electoral. Menos en los partidos políticos. Todos mienten.

Ojalá que todavía alcance el tiempo para ablandar las habichuelas. Y que no se ahúmen.

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