Por Fidel Soto Castro
José Minier Fulson era un pescadero de la barriada de Villa Consuelo, militante de base de la Línea Roja del 1J4, un hombre del barrio que recorría sus calles vendiendo pescado. En cada venta llevaba una sonrisa; en cada jornada, el sudor digno de un trabajador humilde que transitaba por patios y casas, llevando la fragancia sutil de su mercancía.
Quien no tenía dinero para comprar podía recibir el pescado a crédito. Para José, aquel trabajo no era un escalón hacia el progreso económico ni una vía para enriquecerse; era, sencillamente, el medio de ganarse la vida que las circunstancias le habían deparado. Era un hombre humilde del pueblo, sencillo, sin malicia, íntegro y fuerte, dedicado a su trabajo y a su gente.
Un día, mientras vendía su mercancía, fue secuestrado. Nunca supimos dónde lo mataron ni cuál fue su destino final. Solo podemos imaginar las torturas, los golpes y los sufrimientos que pudo haber padecido, porque aquella fue una época de secuestros, desapariciones, asesinatos y muerte.
José Minier Fulson no era un dirigente político destacado ni ocupaba una posición de dirección dentro de la organización. Era un militante de base de la Línea Roja del 1J4, un hombre del pueblo identificado con nuestras causas y nuestros ideales. Su condición de militante humilde no disminuía en nada su dignidad ni su compromiso. Por el contrario, representaba a esos hombres sencillos que, sin ocupar posiciones relevantes ni figurar en las páginas principales de la historia, entregaron sus esfuerzos a las luchas en las que creían.
José era un hombre digno y valiente, humilde y sencillo, que no merecía convertirse en víctima de la violencia que ensangrentó aquellos años. A medio siglo de su desaparición, lo recordamos con la nostalgia que despierta la memoria de un ser humano que nunca debió sufrir las atrocidades de aquellos tiempos tortuosos, que marcaron para siempre la vida de una juventud gloriosa.
José no ha sido olvidado. Es posible que algunos lo hayan borrado de su memoria, pero quienes lo conocimos, quienes lo tratamos y lo vimos caminar por las calles de Villa Consuelo con su mercancía, y quienes compartimos con él aquella lucha heroica, no podemos olvidarlo.
Precisamente por su condición de militante de base, por su humildad y por su origen de trabajador que se ganaba la vida vendiendo pescado, su recuerdo tiene un significado especial. José pertenecía a esa legión de hombres y mujeres del pueblo que, sin reconocimientos ni privilegios, abrazaron las ideas del socialismo y se identificaron con las aspiraciones de justicia y transformación social. Los seres humanos de esa dimensión no deben caer en el olvido.
Vaya, pues, nuestro recuerdo y homenaje a José Minier Fulson, el pescadero de Villa Consuelo, a medio siglo de su desaparición. Estas palabras son también un homenaje a tantos militantes anónimos de la Línea Roja del 1J4 que, sin ser dirigentes ni ocupar posiciones de notoriedad, formaron parte de aquella generación que luchó por sus ideales y dejó una huella imborrable en la memoria de quienes compartimos aquellos años de militancia.





