Por Luigino Bracci Roa
Con el tiempo, el PSUV los superó y nos acostumbramos de forma muy cómoda a que el PSUV hacía todo, el PSUV convocaba todo, el PSUV dirigía todo. Cuando pasaba algo nos acostumbramos a que había que esperar a que hablara algún vocero del PSUV y sentara posición. El PSUV nos decía cuándo marchar, el PSUV+Mippci decidía quién podía opinar y cuándo hacerlo (la «hegemonía comunicacional» que propuso Izarra desafortunadamente se hizo realidad).
Propuestas como la de ViVe TV en la que las comunidades podían ir y hacer su propio programa de opinión se eliminaron. Programas de radio donde la gente llamaba para opinar también se eliminaron. Si algo se aprobaba, todos teníamos que salir a auparlo y si alguien tenía dudas o estaba en contra de algo, de inmediato había que callarlo.
Y, cuando algunos partidos, movimientos y grupos expresaron lo negativo de esto, básicamente los echaron a un lado, los censuraron y les quitaron la posibilidad de expresarse.
Ahora que nuestros voceros tienen un cañón en la cabeza puesto por Estados Unidos y no pueden opinar ni liderar, le está costando a los movimientos sociales y populares de base salir de nuevo a liderar la lucha. La gente está cansada, desanimada, no cree en políticos y tiene que ocuparse en trabajar mucho más de lo normal para poder mantener a su familia. Además, entre nosotros mismos hay muchas heridas y reconcomios producto de todos estos años de lucha… lo acabamos de ver en estos días en Twitter: excompañeros de lucha sacándose los trapitos al sol y diciéndose que tú eres tal cosa, que tú eres otra, que yo te brindé una empanada, que tú eras mi empleado, que yo viajé 60 veces a Cuba, que yo 80 veces a Moscú.
Pero hay que superar todo eso y hay que salir a luchar de nuevo.





