Por Rosalía Carvajal Díaz
Doctor Ricardo Nieves, cuando usted analiza la crisis de Ceuta y advierte sobre el peligro de un pueblo que se lanza en masa, deja entrever que ese mismo escenario de invasión nos amenaza a nosotros.
Sin embargo, le pido que aplique esa misma racionalidad institucional a la República Domi

nicana.
Esto no significa que debamos copiar la postura migratoria de España, sino exigir el respeto que aquí se les niega a los migrantes haitianos.
Su propio discurso valida ese maltrato cuando utiliza metáforas bélicas e inflamatorias; como decir que «sacaría a todos de la Cordillera Central» en tiempo récord, o cuando aplaudió en la radio a la mujer del «rifle», asegurando que si fuera por usted los sacaría con un tanque.
Usted usa el caso de Ceuta como ejemplo del supuesto peligro de un pueblo que se desborda. Pero analicemos la realidad completa: esa crisis se desató porque se tergiversó una sentencia del Tribunal Supremo español, la cual solo prohíbe las devoluciones automáticas «en caliente» para quienes entran a nado.
Ante la situación, el presidente Pedro Sánchez tildó el hecho como una «violación a la integridad territorial» y movilizó al ejército. Sin embargo, las autoridades españolas gestionaron el problema mediante convenios institucionales, diplomacia y devoluciones reguladas con Marruecos. Ningún funcionario público salió a los medios a promover el uso de tanques o rifles contra civiles desarmados. España defiende su frontera con rigurosidad legal, no con odio visceral.
La moderación legal no es compatible con la retórica de la fuerza y la expulsión exprés. Al usar su enorme influencia mediática para validar posturas tan radicales, inyecta una carga de intolerancia en la audiencia que destruye cualquier llamado posterior al respeto de los derechos humanos.
Con un tema tan sensible para el país, la consistencia no es opcional: esa ambivalencia termina alimentando el mismo pensamiento antiinmigrante que usted dice combatir.
¿Entiende el peso y la responsabilidad de un micrófono?





