Por José Escarnio Brito
La propuesta presentada por Magín Díaz, ministro de Hacienda y Economía, que desde el gobierno han querido presentar como un plan de medidas anti-crisis, pero que en el fondo tiene todos los esquemas propios de una reforma fiscal, representa todo un espejismo, con lo cual se pretende minimizar el efecto psicológico que una reforma fiscal representa en el sentir de la población frente a la coyuntura actual.
Esta reforma fiscal resulta ser un plan dirigido para calmar a todo un pueblo que ha venido sufriendo por más de 6 años de los incrementos en los precios de los productos y servicios básicos de consumo diario ante un gobierno que solo ha respondido con endeudamientos y gastos corrientes excesivos, sin ninguna inclinación efectiva en inversiones de retornos.
Ciertamente, la crisis económica actual no es una hechura del presente gobierno. Se trata de un problema global, pero su mal accionar en la economía la ha profundizado y ha hecho que surjan los problemas de bajo crecimiento de hasta un 2% en la economía dominicana, con tasa de inflación que ronda el 5% y una deuda publica llegando a un 80% del PIB.
Esta propuesta, que al decir de sus proponentes tratará de corregir el déficit fiscal que supera el 5% del PIB, y que deja sueltas las manos del gobierno que anunció medidas a principio de año de reducción del gasto corriente, léase gastos innecesarios como compras de materiales bélicos, viáticos y vehículos de alto cilindraje para sus funcionarios y colegas afines; medidas que se quedaron en papeles, ya que los gastos corrientes del gobierno quedaron intactos.
Uno de los componentes que más inciden en los aumentos de precios en los bienes de consumo son los combustibles, a lo cual se le ha puesto un tope en base a US$95.0 el barril del petróleo que, dada la situación de inestabilidad en el conflicto USA-Iran, hay muchas posibilidades que el precio se mantenga por encima del precio fijado.
¿Y quién va a controlar al gobierno en medidas como está? Solo hay que recordar lo que ha sucedido con la ley de los combustibles de si sube sube y si baja debe bajar. ¿Y que ha sucedido?
Este plan tiene envueltas muchas medidas, no solo la del 3% a la renta de las grandes empresas y de un 27% a los sueldos superiores a los RD$400,000.00 mensuales, así como el aumento 0.15% a 0.20% a las transferencias con cheques o electrónicas, así como también el impuesto de US$10.0 a los boletos aéreos.
Su propósito está más allá.
¡Cuando vaya a comisión en el Congreso veremos!
En esta reforma fiscal no se plantea el sacrificio del Gobierno.
No se plantea una reducción del gasto fiscal representado en las exenciones que hace el Estado a grandes empresas que también deben tener una cuota de sacrificio en la coyuntura actual.
Es la misma reforma fiscal, pero con otros matices.



