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Robertico, ministro de Cultura «inculta»

Por Miguel Ángel Cid Cid

En Madrid, España, Robertico se la lució. Le correspondía disertar sobre el éxito probable de la Feria Internacional del Libro en República Dominicana 2026. Pero el ministro, todo dramático, decretó la muerte del libro.

El universo de los asistentes a la conferencia de Roberto Ángel Salcedo, ministro de Cultura de República Dominicana aspiraba a un discurso hipócrita. Que se ajustara al protocolo de rigor. Que hiciera una apología del libro impreso.

Negativo, la estirpe del fuiquiti – fuiquiti nunca se transa con conductas simuladas. Hijo del repentismo, el ministro prefirió —igual que su padre— convertir lo serio en comedia.

La autenticidad heredada lo llevó a quitarse la máscara desde que se paró en el pódium en Madrid, España. En este tiempo la tecnología enseña trucos para cargar libros en el bolsillito de la pretina del pantalón.

A Tony Raful, embajador dominicano en España, escritor y exministro de Cultura —por ejemplo— le estrujó en la cara cómo quitarse la careta en medio del escenario. Cómo organizar una feria del libro, sin libros. Una feria que muestre el libro como placebo.

El poeta Raful —se dice— no encontraba donde esconder la cara. Eva Orúe, directora de la Feria del Libro de Madrid, decepcionada, buscaba un consuelo en la mirada del poeta. Deseaba un aliento poético digno de la diplomacia.

El tribuno de los grandes escenarios académicos y de las calles quedó desarmado, avergonzado frente a Eva, defensora firme del libro y de la lectura.

Roberto Ángel llegó al pabellón de CaixaBank, en el recinto ferial del Parque del Retiro de Madrid y pronunció la conferencia magistral. Mientras exponía, relucía su sonrisa característica: tres cuartos de mueca de medio lao. La creatividad crítica raya en la genialidad.

Pero, cuál es el aspaviento con la maestría de Robertico como enviado plenipotenciario de la cultura inculta dominicana. ¿Por qué resaltar la gestión de un jolgorio millonario con máscara ministerial?

Pues, resulta y viene a ser que, la celebración es porque el país se considera longevo en materia de organización exitosa de ferias del libro. Cerca de treinta años en esos menesteres.  Para ser especifico, veintiocho años.

La historia, sin embargo, poco importa cuando desde el norte frio invaden los smartphones. Los celulares inteligentes en manos no tan inteligentes.

El ministro de Cultura —poco dado a simulaciones conceptuales— puso en evidencia la realidad cruda. En la República Dominicana las ferias del libro se realizan para no perder la costumbre. El libro impreso hace tiempo que murió, no es necesario.

Roberto Ángel Salcedo («Robertico») metió su mano derecha en el costado izquierdo del traje, del bolsillo de la solapa sacó un celular y lo blandió a uno y otro lado. Mientras lo mostraba con orgullo decía:

— En este aparatico que ustedes ven aquí, tengo guardada las 900 páginas de las memorias de Ángela Merkel.

Y reiteró:

— Para leerlo no tengo que andar con el libro grueso en las manos.

No obstante, Robertico presentó los detalles de la próxima Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2026. Él asume con disciplina el mandato institucional para saciar el clamor de los gestores culturales y promotores de la lectura.

El ministro parecía tan defensor del libro como lo son los editores, escritores y los intelectuales presentes en la conferencia. El funcionario exponía con un histrionismo similar al que despliega en sus comedias. Parecía que, rodeado de casetas repletas de libros se sentía como pez en el agua.

Sin más, el ministro de Cultura —en Madrid— dejó clarito que las ferias del libro son poco rentables. Porque, con un celular inteligente, un decreto y “las memorias de Ángela Merkel”, en España Robertico mató el libro impreso.

¿Será que el asesinato liberó al gobierno de gastar millones en la Feria Internacional del Libro 2026?

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