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    Trump alborotó el avispero

    Por J.C. Malone
    Quien alborota las avispas no puede esperar que se tranquilicen cuando él decida. El presidente Donald Trump tiene el principal problema de su carrera política con Irán; alborotó ese avispero, no podrá tranquilizarlo.
    Irán es el principal rival militar que enfrenta Estados Unidos desde la Segunda Guerra Europea. Este país ni quiere guerras, ni tiene dinero para financiarlas, ni armas para pelearlas.
    La mitad de los estadounidenses desprecia a Trump; el ataque a Irán dividió a sus seguidores, y redujo su capital político. Nadie gana en un conflicto externo sin unidad interna. Los estadounidenses, israelíes e iraníes no quieren guerra.
    Estados Unidos agotó sus arsenales en Afganistán y Ucrania; quedan muy pocos misiles. Irán lo sabe; por eso pelearán hasta que Washington huya, como huyó de Vietnam y Afganistán.
    Económicamente, Washington pierde la guerra; cada misil “Patriot” cuesta 4 millones de dólares y deben disparar hasta tres (12 millones) para interceptar un dron iraní que cuesta menos de 50.000 dólares.
    Irán también tiene miles de pequeñas lanchas rápidas con cuatro tripulantes y muchos armamentos; pueden causarle mucho daño a Washington y a sus aliados regionales.
    Pueden destruir los puertos por donde los aliados de Washington en el Golfo reciben el 80 % de sus alimentos. Pueden destruir las plantas de desalinización que potabilizan más del 60 % del agua.
    El inicio de la guerra envió un mensaje que Trump no entendió.
    Aclaremos algo. Trump y Benjamín Netanyahu, el primer ministro de Israel, no “mataron” al ayatolá Ali Jamenei, el venerable y amoroso líder chiita de 86 años, se inmoló.
    Jamenei sabía que lo matarían, escogió convertirse en mártir, enviando una señal: ofreció la vida por el país; los sobrevivientes seguirán su ejemplo.
    Hay antecedentes.
    En junio de 1963 Tich Quang Duc, un monje budista, se roció gasolina, se sentó en posición de loto en una esquina céntrica de Saigón, Vietnam, y prendió un fósforo. Se inmoló.
    Su antorcha humana iluminó la resistencia vietnamita y los Estados Unidos huyeron 10 años después, en marzo de 1973.
    Con la región envuelta en llamas, sin armas, y las avispas alborotadas, a Washington solo le quedará huir.

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