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    Ruido, basura y violencia

    Por Luis Alberto Díaz
    El desarrollo de un país no se mide solo por la buena marcha de la economía, el auge de la industria, el crecimiento de la agropecuaria y las exportaciones, la generación de empleos, un magnífico comercio, las investigaciones o la calidad de la educación a todos los niveles.
    Un país se desarrolla también por el respeto a las leyes, el buen comportamiento de sus ciudadanos, la calidad de vida de la gente que tiene que ver con una formación básica desde la familia, la escuela y si se quiere la iglesia.
    En estos días juntas de vecinos del Distrito Nacional se están organizando para enfrentar una de las peores plagas que afectan al ciudadano: la contaminación sónica. El ciudadano está en estos momentos huérfanos de autoridad para acabar un problema que se agiganta.
    Se han tomado algunas medidas recientes, pero surgen las dudas de su efectividad.
    Un estudio del Ministerio de Medio Ambiente revela que el ruido provocado por colmadones, discotecas, plantas, bocinas en carros, teteos no es exclusivo de barrios sino que en sectores de clase alta el asunto es serio.
    Lo peor que le puede pasar a una familia que con esfuerzo compra un apartamento en un residencial y en la esquina le monten un escándalo hasta las 3 de la mañana. Le roban la tranquilidad y le devalúan el inmueble.
    No hablemos del tránsito con los motoristas o diablillos sin control irrespetando todas las leyes. Los policías ni se inmutan cuando pasan delante de sus narices.
    Y de la basura ni hablar: pésima recogida, las cañadas llenas de todo tipo de plásticos, desperdicios lanzados a las calles…un desorden.
    Todo este panorama acompañado de una enorme carga de violencia intrafamiliar, inseguridad ciudadana, crímenes horrendos, violencia en las calles hasta por un roce de vehículo.
    El pelotero Luis Polonia muy querido por los fanáticos difundió un video en el que llora la muerte de un amigo promotor artístico asesinado en Santiago por dos individuos por un ligero problema de tránsito.
    Y se quejaba diciendo “tan lindo que es nuestro país y ¨tamo¨ jodìo. Qué impotencia Dios mío”.
    Tiene toda la razón. Por el camino que vamos caeremos en el derricadero.

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