Santo Domingo.- Hablar de justicia climática es reconocer que las comunidades no pueden seguir enfrentando solas las consecuencias de una crisis que exige respuestas colectivas, políticas públicas efectivas y compromisos institucionales reales, según algunos de los planteamientos expuestos en un panel donde fue abordado el tema.
La actividad titulada “Justicia climática y territorios vulnerables”, fue realizada en el salón de la biblioteca de la UASD Recinto Azua, “como un espacio de diálogo e intercambio sobre los impactos diferenciados del cambio climático y los desafíos que enfrentan las comunidades en situación de vulnerabilidad”, según informaron sus propulsores.
El encuentro reunió distintas perspectivas sobre la relación entre cambio climático, desigualdades sociales, género, desplazamiento y protección de las comunidades, según una reseña escrita remitida a Fotuto.net.
Participaron en el panel Manuela Amalia Pérez Mejía, subdirectora del Centro UASD-Azua; Angélica Uribe, oficial asociada de Protección de ACNUR en República Dominicana; y Alba Goicochea, representante de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en República Dominicana.
Durante el proceso se abordaron los desafíos que enfrentan las mujeres, las niñas y las comunidades rurales y fronterizas ante los eventos climáticos extremos, así como la importancia de fortalecer la coordinación interinstitucional, la participación comunitaria y las políticas públicas con enfoque de género y de los derechos humanos.
De acuerdo con las explicaciones, la actividad se enmarca en los esfuerzos de investigación y reflexión sobre el desplazamiento forzado asociado al cambio climático, con especial atención a las experiencias y vulnerabilidades de mujeres y niñas.
Los enfoques fueron impulsados desde el ámbito académico y de la investigación, con la participación del INTEC y la UASD.
Las desigualdades de género
La Tertulia Feminista del Sur, que coordina Anny Jáquez, consideró que hablar de justicia climática es indispensable para defender los derechos de las mujeres y las niñas, especialmente de aquellas que viven en comunidades rurales, fronterizas y territorios históricamente excluidos.
En la exposición de esa institución se estableció que “no podemos analizar la crisis climática sin mirar las desigualdades de género, las condiciones materiales de vida, las responsabilidades de cuidado y las barreras que enfrentan las mujeres para acceder a la protección y a recursos durante las emergencias”.
Por eso insistimos, prosigue el relato, en la necesidad de poner a las mujeres y las niñas en el centro de las políticas climáticas, la prevención de riesgos y las respuestas ante los desplazamientos. “No como víctimas pasivas ni como una población más dentro de las estadísticas, sino como sujetas de derechos, portadoras de conocimientos y protagonistas de las soluciones en sus comunidades”.
Según observaron, el espacio recuerda que el cambio climático no afecta a todas las personas por igual.
La pobreza, las desigualdades históricas y las condiciones de cada territorio determinan quiénes enfrentan mayores riesgos y quiénes cuentan con menos recursos para recuperarse, precisaron.
Hablar de justicia climática es hablar de justicia social, dijo la Tertulia Feminista del Sur. “Es reconocer que las comunidades no pueden seguir enfrentando solas las consecuencias de una crisis que exige respuestas colectivas, políticas públicas efectivas y compromisos institucionales reales”.
Para sustentar ese criterio partieron del hecho de que “la resiliencia no puede significar acostumbrarnos a sobrevivir en condiciones de desigualdad”.
Necesitamos, prosiguieron, territorios protegidos, comunidades escuchadas, mujeres y niñas en el centro de las decisiones y derechos garantizados.





