Por Juan TH
La República bolivariana de Venezuela ha sido agredida brutalmente por el gobierno de Estados Unidos presidido por el misántropo Donald Trump que, en su megalomanía patológica, se cree dueño de un mundo que no le pertenece.
Como todo un sociópata universal impone aranceles unilaterales, sanciones económicas y políticas a todos los países cuyos regímenes no son de su agrado, amenaza con invasiones militares, golpes de Estado, bloqueos, secuestros, asesinatos de líderes que no responden a sus intereses, expropiar de las riquezas de otros países, etc.
Trump es lo más parecido a un emperador del imperio romano antes de Cristo: César, encabezando el Circo, decidiendo quién vive y quien muere en las fauces de los leones. (“¡los que van a morir te saludan César”)
La ideología supremacista del megalómano de Hitler reencarnado en un hombre desquiciado embriagado de poder convencido de que puede agredir a los demás en su propio país y en el resto del mundo sin pagar ninguna consecuencia.
Venezuela, el país con la mayor reserva petrolera del planeta, con mucho oro, plata, uranio, agua, tierras raras, energía hidráulica, bosques y más de 30 millones de personas que pretende convertirlas en esclavos con azotes imperiales.
Apropiarse de Venezuela es su objetivo.
No le importa la democracia, la libertad ni la justicia.
Que Nicolas Maduro sea o no sea un dictador, le es irrelevante. Quiere el petróleo, quiere el oro, quiere los recursos renovables y no renovables del país suramericano.
Venezuela estuvo gobernado por Adecos y Copeyanos (Acción Democrática y el Comité de Organizaciones Políticas) durante muchos años con el apoyo de Estados Unidos, a quien le entregaron gran parte de su riqueza. Una oligarquía rancia entregada al Imperialismo Yanqui de manera incondicional, hasta la llegada Hugo Chávez Frías tras ganar las elecciones de 1988 y asumiendo el poder como presidente constitucional en 1999 con el movimiento V República, sucediendo al presidente Rafael Caldera.
El pueblo venezolano se hartó de lo mismo. Eligió a Chávez que cambió el rumbo. El presidente Chávez marcó un antes y un después.
La poderosa oligarquía venezolana, dueña de los medios de comunicación, periódicos, canales de televisión, radio, etc., junto con Estados Unidos, iniciaron una feroz lucha en contra del Chávez que se convirtió en un líder, amado y respetado por su pueblo.
El presidente Chávez ganó todas las elecciones en las que participó, los referéndums, las consultas populares. Enfrentó conspiraciones, golpes de Estado, intento de asesinato, etc., hasta su muerte el 5 de marzo del 2013, dejando en el poder al actuar presidente, Nicolas Maduro, secuestrado por tropas yanquis después de haber matado en una lucha desigual a más de cien combatientes venezolanos y 32 cubanos.
Contra Nicolas Maduro, igual contra Chávez, la conspiración, el chantaje, los sabotajes ni las sanciones económicas han cesado un solo día. Como he dicho antes, el problema de Venezuela no es Maduro, el problema de Venezuela es el “chavismo”, es la concepción política e ideológica que encarna el pensamiento y la acción revolucionaria del presidente Hugo Chávez que no solo rescató de los suntuosos edificios y plazas las fotos y los bustos del libertador Simón Bolívar, sino que lo convirtió en un ser vivo, de carne y hueso, marchando por las calles, con su espada libertaria, junto a su amado pueblo.
Con su ejemplo, Venezuela, al igual que Cuba y otros países del tercer mundo, se convirtió en un peligro. En 1965 Estados Unidos dijo: “no otra Cuba en América”. Y decidió invadir República Dominicana con 43 “hijos de perra” como los describiera el poeta Pablo Neruda. De igual modo dijeron: “no otra Venezuela en América”! Invadieron y secuestraron al presidente Maduro con el falso relato del fraude electoral, cuando la verdad es que el fraude lo montó, con más de un año de anticipación Estados Unidos a través de la CIA y otros organismos de espionaje, medios de comunicación, redes sociales, plataformas digitales, bots inteligentes, etc., El chavismo “perdió” las elecciones mucho antes de que se celebraran. Se creó una narrativa, una percepción en el imaginario de la gente de casi todo el mundo.
Tras el golpe contra Maduro y el Chavismo, solo la unidad monolítica del pueblo y el gobierno, salva a Venezuela de un salto al vacío, a volver a los siglos 18 y 19, de injusticias y privilegios de la vieja oligarquía entreguista.
Solo la unidad revolucionaria del pueblo, el gobierno, las Fuerzas Armadas y las demás instituciones políticas, salvan al “Madurísimo y al Chavismo”, de una derrota del socialismo, destruyendo los avances políticos, económicos y sociales alcanzados durante casi 25 años, contra vientos y mareas.
Venezuela, unida, ¡Jamás será vencida!
La comunidad internacional está en la obligación histórica de colocarse solidariamente al lado Venezuela, Cuba, Nicaragua, Panamá, México, Canadá, Groenlandia (Dinamarca) y los demás países amenazados por Donald Trump.
Los amantes de la paz queremos dialogo, consenso, no guerra. Que se respete el derecho internacional, la independencia y la autodeterminación de los pueblos.
Venezuela, unidad, ¡jamás será vencida! ¡Patria o Muerte!


