Por Tony Pérez
El Gobierno nacional se ha encargado de dejar muy clara su apuesta por desarrollar en la provincia Pedernales un turismo sustentable y sin los errores cometidos en la fundación de otros polos.
Me han informado que el modelo a ejecutar contempla complejos turísticos todo incluido en Cabo Rojo y en el mismo municipio Pedernales (área de Bucanyé), pero con el foco orientado hacia el aprovechamiento de los recursos naturales con el mínimo impacto, preservación de la calidad del ambiente, seguridad, salud, esfuerzos sostenidos para construir poder local en pos del bienestar general de la comunidad, y nada de arrabalización.
La concepción es encomiable porque sitúa en primer plano, como protagonista del proceso, al sujeto comunitario. Teóricamente se nota un esfuerzo por propiciar su empoderamiento. Y eso es muy importante.
Un gran desarrollo turístico deviene en generador de más pobreza, corrupción, criminalidad, conflictos sociales, malentendidos, robos, drogas, prostitución y pedofilia, si la comunidad carece de orgullo de pertenencia y es orillada de la toma de decisiones respecto de los recursos de su territorio y la necesidad acompañar a las autoridades en la construcción de la seguridad y el orden.
Pero ese sentido de pertenencia, ese orgullo, no se construye por teléfono desde la capital. Mucho menos vía costosas campañas de publicidad con mensajes clave inventados por “genios” desde la nada, sin posibilidad alguna de impacto positivo en los públicos locales; ni en documentos finamente preparados, ni con caras encuestas de satisfacción con resultados prefabricados en cuartos fríos.
Se trata de un proceso vivo, infinito, que postula desde el primer momento la integración comunitaria, la interrelación de las instituciones públicas y óptimas relaciones con el sector privado. Y ese proceso debe gestionarse en el terreno. Y allí la comunicación planificada debería ser eje transversal en cada respiro.
Acompañar a la comunidad para que se organice, se enorgullezca de sus recursos naturales y asuma como suyos al turismo y a los turistas, requiere -de entrada- la creación e instalación de una oficina técnica de participación popular (o social) que anime la integración a través de la gestión de los procesos comunicacionales.
El aspiracional de turismo sustentable comenzaría con una grave cojera sin el impulso, desde ahora y por siempre, de la comunicación como proceso en cada fase de los proyectos a ejecutar.
No se trata de salir en los periódicos, en los noticiarios y entrevistas televisuales; ni pagar para lograr comentarios positivos. Al final, si el turista no vive la experiencia prometida por los discursos oficiales, jamás volvería. Y, algo más grave, aconsejaría a otros para que no viajen al destino.
El Gobierno, a través del Ministerio de Turismo y la Dirección General de Alianzas Público-Privadas, debe apurar el paso y evitar tal disonancia.
A juzgar por los pasos dados, la inversión en Pedernales será cuantiosa, pero podría terminar en un estrepitoso fracaso si se aferra a un modelo de comunicación vertical, accesorio, en el que la gente sea simple objeto de los planes. Ejemplos sobran, aquí y en otros países.
El final infeliz del ambicioso proyecto arquitectónico Pruitt-Igoe, en San Luis, Missouri, en 1973, tuvo muchas causas, una de ellas, determinante: se asumió un modelo comunicacional cosificador de las personas empobrecidas que vivirían en el complejo. Las autoridades, bien intencionadas, entendieron que bastaba con construirles una ciudad supermoderna. Nunca les consultaron.
El director ejecutivo del Proyecto de Desarrollo Turístico de Pedernales, viceministro de Turismo Carlos Peguero, y el director general de la DGAPP, Sigmund Freund Mena, trabajan intensamente con los parámetros del plan maestro y siguiendo a pie juntillas las instrucciones del presidente Luis Abinader para lograr los objetivos planteados.
Ellos se notan celosos con los requerimientos de cada fase; no desean dejar cabos sueltos en la carpeta de iniciativas gubernamentales para impactar con el turismo la subregión Enriquillo (Baoruco, Barahona, Independencia y Pedernales). Excelente.
Ellos, por tanto, entenderían la observación, y, sin dilación, la canalizarían al mandatario. Al menos, eso se espera. El empoderamiento de los pedernalenses y la toma de conciencia sobre las exigencias del turismo sustentable, jamás se lograrían desde la distancia, y menos con paradigmas comunicacionales tan costosos como inválidos. Advertencia hecha a tiempo


