Por Maribel Núñez
En pleno asueto de Semana Santa, mientras los sectores acomodados -los popis del gobierno- abarrotan resorts y villas entre abundancia etílica, de comidas y lujos, en los bateyes la realidad es otra. Hombres y mujeres negros, trabajadores, herederos de una tradición espiritual centenaria, se prepararon como cada año para bailarse la vida en el gagá: agradecer a sus santos y santas, pedir salud, prosperidad y protección. No tienen más nada!
Como es costumbre, el gagá debía iniciar el Jueves Santo con una ceremonia íntima y recorrer las calles desde el viernes. Pero en este 2026, los mayores y todo dirigente de gagá en general, enfrentaron algo nunca visto: el gobierno del presidente Luis Abinader impuso restricciones, exigió permisos y limitó la celebración a solo sábado y domingo, de 9:00 a.m. a 6:00 p.m. En palabras de un mayor desde el Batey Palavé:
“Por primera vez veo eso de pedir permiso para hacer un gagá… Yo nací en la era de Trujillo y nunca vi eso. Ni con Balaguer. Eso es cosa de este gobierno.”
Voces de resistencia
El recorrido comenzó entre las polvorientas calles del Batey Palavé, con la alegría habitual, aunque a medida que avanzaba el día la indignación crecía.
Un seguidor del gagá que visita Palavé desde el Cibao, y que comenzó a bailarlo desde niño, resume su sentir:
“Esto era abierto, era algo histórico… El que no va a un gagá muere inocente. Nunca vi persecución ni con Balaguer. Quieren matar la tradición, pero no podrán. El gagá es emoción, vida, salud, deporte.”
Comenta además que familias viajan todos los años desde Nueva York solo para participar. Una joven llegada desde esa misma ciudad expresó su frustración:
“Esto nunca se había visto. Uno viene porque esto es parte de uno, y ahora quieren ponerle límites a lo que es nuestro.”
Un anciano mayor, joya del gagá Los Jovillos, que vivió Trujillo, Balaguer y todos los gobiernos posteriores, afirmó con contundencia:
“Nunca. Ni Trujillo ni Balaguer -dos fascistas- persiguieron el gagá. Esto es de ahora. Nosotros nos hemos confiados en Dios… y la tradición también se la confiamos al Señor. Esto nunca se había visto.”
I
ndignación en las calles
Tres mujeres que caminaban junto al gagá señalaron directamente a las autoridades:
“Faride está muy mal… Es pa’ fuera que van. Nunca habíamos visto persecución. Eso solo pasa ahora con Abinader. No vuelven a contar con nuestro voto.”
Otra joven añadió:
“Con la prohibición quieren destruir al pueblo y destruir la tradición. Abinader no puede con nosotros los bateyeros. Aquí con nosotros solo puede Dios.”
Una mujer de 54 años, nacida y criada en el batey, recordó:
“Estoy en el gagá desde los 14 años y nunca he visto problema con esto.”
Otro hombre agregó:
“En tiempo de caña, aquí en Palavé el difunto Franco hacía su gagá normal, decente, como siempre. Esto nunca se había prohibido.”
“El gobierno de Abinader es racista”
Así lo expresó con fuerza el señor Ramírez:
“Ningún gobierno había prohibido el gagá. Ni Trujillo, que era dictador. Es el gobierno de Luis Abinader. Primera vez que veo policía metida dentro del gagá. Nunca los gagases habían tenido un stop -tiempo-. Por ese dictador no pudimos hacer gagá el jueves ni salir el viernes. Yo voté por él y me arrepiento. Le quitó la felicidad a este país.”
Sus gritos se mezclaban con la música, el calor y el polvo de la tarde.
Incluso los perremeístas disienten
Un miembro del PRM, bailando dentro del gagá, afirmó:
“A este gobierno se le fue de las manos la cultura. El gagá tiene más de 120 años. Ningún gobierno lo había violentado. Tengo 48 años en esto. Ni Trujillo ni Balaguer hicieron lo que está haciendo Abinader. Estoy en contra.”
Otro participante, trabajador estatal y antiguo mayor, expresó con cautela:
“El gagá no tiene nada malo. Activa el comercio. Donde se para, los colmados venden. Que nos dejen gozar… No puedo decir más porque trabajo en el gobierno.”
“Esto no es domínico-haitiano: esto es dominicano”
Un organizador de otros gagases explicó:
“Todo lo que se hace en el gagá es cultura. Si se arma un pleito, eso no es del gagá; es gente de afuera. Siempre lo han querido etiquetar domínico-haitiano, pero esta tradición es más dominicana. Hay más dominicanos que haitianos celebrándola. El gobierno está equivocado. Si quieren ganar otra vez, tienen que respetar la cultura.”
Una tradición heredada
Un mayor herrero de oficio, explica el gagá como un legado profundo:
“Esto lo tengo de nacimiento, viene de mi papá y de mi familia. El gagá es parte de lo que soy. A mí no me gustan estas prohibiciones porque acaban con la tradición. Si nos ponen límites, no podemos salir ni tocar. Nunca había visto a la Policía metida dentro del gagá, y menos motores pasando entre nosotros. Aunque tengamos permiso, como quiera lo impiden. Faride y Abinader son los primeros en prohibir esto. Donde llegamos la gente nos recibe con cariño porque muchas casas han sido parte del gagá por generaciones. Pero ahora es el Presidente que no lo permite. Con tantos policías ya no podemos compartir como antes.”
La presencia policial y la sombra del miedo
Al acercarse las 6:00 p.m., desde la enramada privada donde bailaba el gagá, el capitán Santana expresó:
“El general está ahí y no quiere que se toque más.”
Afuera, un contingente de Operaciones Especiales esperaba con armas largas. El gagá retornaba a la entrada del batey en silencio: sin el toque de tambores, sin baile, sin canto. Una marcha afro-digna, atravesando el polvo del camino que el Estado nunca ha asfaltado.
Una mujer gritó:
“Es trujillista que está este país.”
Otra lanzó una ofensa a Faride.
Un señor respondió:
“No es Faride. Es Abinader. Nosotros lo subimos y ahora nos está quitando todo. Somos los dominicanos que estamos aquí. Luis Abinader, los perremeístas te vamos a tumbar.”
El miedo en los autobuses
Rumbo al Batey Bienvenido, la Policía volvió a aparecer. Detuvo los autobuses y mintió diciendo que el gobierno había revocado los permisos del gagá.
La confusión y el miedo paralizaron a los responsables del gagá. Nadie quería violar la ley ni exponerse a arrestos.
Tras llamadas, dudas y más presencia policial, decidieron desviar la ruta, tomar la circunvalación y dirigirse hacia Haina. Ya en la casa donde dormirían, otro motor con dos policías llegó al lugar. La decisión fue entrar rápido para evitar incidentes.
Regreso al Batey Los Jobillos
Los afros nunca hemos tenido nada fácil ni gratis. La resistencia, el cimarronaje continúa en el toque, el canto y la danza. Mañana domingo, según el limitado “permiso” otorgado por Interior y Policía, se bailará gagá en Haina a partir de las 9:00 a.m. Y a las 6:00 en punto, como dicta el mandato oficial, el gagá de Los Jovillos ya debe haber retornado y deberá abandonar sus caminos sin asfalto, sin iluminación, pero con la esperanza intacta: porque cuando se cierre el círculo del baile y del canto, la comunidad del gagá ya habrá pedido como cada año, que la salud, la abundancia y el bienestar acompañen a todos y todas hasta la próxima Semana Santa: sí gagá!


