Por Juan TH
Estados Unidos invadió Venezuela y secuestrar al presidente Nicolás Maduro Moro junto a su esposa, en un hecho insólito que viola flagrantemente la Carta de las Naciones Unidas, del Consejo de Justicia, pulverizándolos de un girón, convencido de que no habrá consecuencias.
Justo es señalar, que la democracia nunca estuvo en juego en Venezuela, lo que estaba en juego eran los intereses estratégicos de Estados Unidos y las corporaciones corporativas que lo controlan.
La historia de Estados Unidos es una historia de saqueo, exterminio, guerras, golpe de Estado, secuestro, torturas, asesinatos, desapariciones de líderes opositores, esclavitud, todo en nombre de la libertad, la justicia y la democracia, siendo el país menos libertario, justiciero y democrático del mundo.
Casi todos los países del mundo, desde América Latina, pasando por África, Europa, Asia, han sido víctima de la depredación de Estados Unidos, incluyendo su propio territorio donde asesinaron, esclavizaron o aislaron en “reservas”, a más de 12 millones de “indios” o “indígenas” que eran los verdaderos dueños del territorio.
La mayoría de los países latinoamericanos han sido invadidos en varias ocasiones durante casi dos siglos. Cuba en cuatro ocasiones, (sin contar el bloqueo ilegal y criminal por más de 60 años y la ocupación de Guantánamo); República Dominicana en cinco ocasiones, (Trujillo, 30, Balaguer 20 años, 12 dictatoriales, Haití en 3 ocasiones, Brasil, una vez, Bolivia 4, Granada en 1983, Bolivia, 4 veces, Guyana, 1953, Chile, 1973 y 1989-1990, Argentina, 1976 Uruguay, 1976, Colombia, 1901—1903, Puerto Rico, 1898, (convertido en una colonia) Panamá, 1989, Nicaragua, de 1912 hasta 1928, la primera vez, luego volvió a invadir muchas veces matando y saboteando los procesos de cambios y transformaciones, defendiendo a su “hijo de puta” favorito, Somoza.
Venezuela no ha sido una excepción. Al contrario, ha formado parte de un plan milenario para enguñir como sardina en lata para servirla como comida barata en los supermercados gringos. Venezuela es uno de los países más ricos del mundo, con la mayor reserva petrolera del planeta, oro, tierras raras, litio, plata, madera, agua, energía hidráulica, entre otros recursos naturales, renovables y no renovables. Es la razón por la cual Estados Unidos quiere a Venezuela desde que Chávez llegó al poder y puso toda esa riqueza como patrimonio del pueblo.
(El único país donde no ha habido una invasión, un derrocamiento violento o un golpe de Estado es en Estados Unidos, porque no existe una embajada de Estados Unidos)
El presidente Donald Trump, convencido del poder omnipresente que le dieron el triunfo de las elecciones, actúa desenfrenadamente, como dueño absoluto del mundo, tratando de recuperar el terreno perdido en América Latina, Asia, África y Europa frente a China, Rusia, Brasil, México, (“Tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”, despojado de 2.4 millones de kilómetros de su territorio, lo cual lo habría convertido en uno de los países más grandes, poblados y desarrollados del mundo); Colombia, uno los países de mayor biodiversidad del planeta, y la propia Venezuela, que tiene de todo, mucho.
Terminaron los tiempos de la unipolaridad mundial. Ahora vivimos en un mundo multipolar. Sin vuelta atrás, …
Los que dirigen Estados Unidos, los dueños verdaderos, magnates de las grandes corporaciones que controlan la industria armamentística, los grandes bancos expertos en lavado de activos, incluyendo los inmensos recursos del narcotráfico, de la ciencia y la tecnología, no pueden permitir que tanto poder se les escape de las manos sin pelear.
No es la primara vez que invaden, secuestran y matan a un presidente. La historia lo confirma y reafirma. Salvador Allende, en Chile, es solo un ejemplo. Lo que ocurrió en ese país suramericano tras el golpe de Estado dirigido por la CIA, la oligarquía criolla y los militares de Pinochet, convertido en gorila por el Pentágono para secuestrar, desaparecer y matar a miles de hombres y mujeres de todas las edades, fue un ensayo que luego se repetiría en otros lugares del mapa mundial.
Como caribeño, latinoamericano, no puedo aplaudir ni apoyar el secuestro de Nicolas Maduro junto a su esposa, ni la invasión. Sería una ironía, un contrasentido, una ignominia, desconocer la historia. Sería como negar que, en Venezuela, la patria de Simón Bolívar, el más ilustre de todos los latinoamericanos, junto con Fidel Castro, murió nuestro Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte, acogido como un hijo. Venezuela es un pueblo hermano. Apoyar el secuestro de un presidente, es desconocer el derecho internacional, la independencia y la autodeterminación de los pueblos. ¡insisto!
No puedo apoyar el secuestro de Maduro ni la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela. ¡No puedo! No me negaré a mí mismo, genuflexo, oportunista, charlatán de feria, esquirol, arlequín, payaso de circo, ni vendepatria. ¡No! Si usted sabe contar, no cuente conmigo.
Trump ofreció una recompensa de 50 millones de dólares al que entregara, vivo o muerto, al presidente de Venezuela. Confiaba en que su propia gente, militares o civiles, aceptaran la oferta. Pero nadie lo hizo. Maduro pudo haber ofrecido una recompensa de cien millones de dólares por la cabeza de Trump, pero no lo hizo. Estaba en su derecho. (Dicen que lo que es igual no es ventaja, que, guerra avisada no mata soldado, y que, camarón que se duerme, se lo lleva la corriente) La invasión y el secuestro no debió sorprender a nadie. Un país que fue capaz de lanzar dos bombas atómicas contra otro país es capaz de borrar del mapa a todo un continente con millones de seres humanos dentro.
El propio Trump ha sido claro en su conferencia de prensa: “Nos quedaremos gobernando Venezuela durante algún tiempo” (¿) (para robarse el petróleo, el oro, las tierras raras, el agua, el litio y todas las riquezas que posee; luego se irá dejando el cascaron, pobreza y miseria).
El problema no era Maduro, la dictadura el narcotráfico ni la democracia. Esas cosas Donald Trump y las corporaciones estadounidenses se las maten por el culo todos los días sin impórtales un bledo.
Lo penoso, lo lamentable, es que gobiernos y ciudadanos latinoamericanos hayan comprado la narrativa de Estados Unidos comprando mentiras y falsedades, dejándose manipular y convencer de que Maduro era un monstruo, un dictador perverso y mal educado, cuando el verdadero dictador, el que amenaza, el que impone aranceles unilaterales, secuestra, mata y ocupa otros países es Trump, no Maduro, que no ha hecho más que defender la independencia y soberanía de su pueblo.
Es Donald Trump quien están reclamando el Canal de Panamá, es Trump quien quiere que Canadá sea un Estado más de Estados Unidos, es Trump quien quiere apoderarse de Groenlandia, es Trump quien apoya las dictaduras en África y otros puntos el planeta cuando defienden sus intereses estratégicos, es Trump quien amenaza con intervenir en Colombia y Cuba, se Trump una amenaza para el mundo.
La lucha del aguerrido pueblo venezolano no ha terminado, apenas comienza como una “Guerra Patria”. Es probable que tengamos otro Vietnam, pero en América, con las mismas consecuencias que en el país asiático.


