Por Germán Reyes
Tamayo.- Si a alguien en Tamayo se le demuestra que consume “ambulancias” deberá considerarse que su alimentación puede llevarle a problemas de salud, pero no necesariamente.
En el argot de los médicos veterinarios son llamadas “ambulancias” a los animales que mueren súbitamente en las granjas, en los potreros o en otros lugares y se les envía al matadero de inmediato para aprovechar la carne. “Esto, sin tener en cuenta la causa de la muerte”, según informó la médica veterinaria Yusaira Castillo.

No solo “ambulancias”. El punto es que nadie, autoridades ni ciudadanos, tiene constancia del origen de la carne de cerdo, chivo o res que se vende a la población, no solo en el mercado, sino donde a cada quien se le ocurra.
No faltan quienes ofrezcan sus versiones sobre la supuesta venta de carne de animales “no matados, sino muertos”.

Se comenta, incluso, de personas que acuden al mercado con carnes que venden a los carniceros. ¿Cómo murió el animal? Ninguna constancia.
¿De rodillas?
Los testimonios sobran en el sentido de que los carniceros tienen de rodillas a todos y a todas en Tamayo, toda vez que sacrifican los animales en el lugar que se les ocurra sin que tampoco a absolutamente a nadie le conste absolutamente nada. Sencillamente, al parecer, a nadie interesa, no le importa.

¿Quién dijo matadero? En una operación, el alcalde anterior recaudó de entre compueblanos y allegados, incluso de residentes fuera, una cantidad de dinero para acondicionar el matadero.
En conversaciones sostenidas el pasado domingo hubo que escuchar de algunos de los carniceros las mentiras que se les ocurrió, como aquella de que falta un vehículo para el traslado de la carne hacia el mercado.



