Por Marie Joseph
Acontecimientos recientes han puesto de relieve la frágil relación entre los representantes del Estado y la ciudadanía. El ciudadano Emmanuel Lundi, tras insultar al Comisario de Gobierno de Cabo Haitiano, Eno Zéphirin, emitió una disculpa pública mediante carta fechada el 12 de enero de 2026.
Sin embargo, el caso adquiere una compleja dimensión ética, ya que el magistrado presuntamente abofeteó al acusado mientras ya se encontraba inmovilizado y esposado.
Igualdad de agravios: Un agravio no justifica otro
En este caso, nos encontramos ante una «igualdad de agravios» a nivel moral, si no legal. Si bien insultar a un magistrado es un delito que atenta contra la dignidad de la función judicial, la respuesta física del Comisario es igualmente reprensible. El derecho moderno se basa en el principio de que nadie puede tomarse la justicia por su mano, y mucho menos un agente del orden.
Al abofetear a un hombre esposado, el representante estatal pierde la autoridad moral que le confiere su cargo. A ojos del público, los agravios se neutralizan: la insolencia ciudadana se ve eclipsada por el abuso de poder de las autoridades.
Liderazgo y autocontrol
El liderazgo no reside en la demostración de fuerza, sino en la gestión de crisis. Un verdadero líder, al que se le confía una parte del poder público, debe demostrar una «ética de la responsabilidad». Responder a un insulto con violencia física demuestra falta de liderazgo emocional.
El Comisario, como figura de autoridad, debe encarnar la ley y no sus propios impulsos. La policía es una delegación de la sociedad para mantener el orden, no una herramienta de venganza personal.
Principios de ética y conducta ejemplarLa ética profesional exige que el trato a una persona, incluso si es provocador o culpable, respete su integridad física, especialmente cuando está incapacitada (esposada). La carta de disculpa ciudadana es un acto necesario para restaurar el respeto debido a las instituciones. Sin embargo, para que la justicia se perciba como justa, la institución judicial (el Ministerio Público) también debe reconocer la mala conducta de sus propios miembros. La conducta ejemplar es la base de la confianza entre las personas y su sistema de justicia. Sin ella, la ley se convierte en mera coerción.
La carta de disculpa escrita por el ciudadano, si bien es necesaria para aliviar las tensiones legales, pone de manifiesto un desequilibrio: el ciudadano se disculpa por sus palabras y acciones, pero ¿quién se disculpa por la violación de la integridad física?
En conclusión, este incidente sirve para recordar que el respeto es una vía de doble sentido. Si bien los ciudadanos deben respeto a las instituciones, quienes las representan tienen el deber sagrado de proteger la dignidad humana, incluso la de sus detractores. El verdadero liderazgo reside en mantenerse como guardián de la ley, incluso ante la transgresión.


