Pekín, RT.- Ver videos cortos y fragmentados, como los que abundan actualmente en redes sociales, en lugar de un video continuo, reduce la capacidad de recordar información y altera su manera de recuperarla, según un artículo publicado el pasado 10 de enero en la revista npj Science of Learning.
Un equipo de investigadores chinos reunió a 57 estudiantes universitarios voluntarios y los dividió en dos grupos: el primero vio un único video continuo de 10 minutos de duración y el segundo visualizó una serie de siete videos cortos con la misma temática que también sumaban 10 minutos.
En ambos casos la temática fue un destino turístico poco conocido. Ambos grupos escucharon y vieron la misma información principal y el mismo número total de palabras. La única diferencia radicó en el formato de la presentación.
Posteriormente, los participantes tuvieron que realizar una prueba de memoria —un test de opción múltiple sobre los videos en cuestión— mientras estaban acostados dentro de una máquina de resonancia magnética funcional, dispositivo que revela las áreas del cerebro que están altamente activas en un momento concreto.
Los resultados conductuales revelaron una clara diferencia en el rendimiento de la memoria entre las dos condiciones de prueba: los participantes que vieron el video largo y continuo respondieron correctamente aproximadamente el 66 % de las preguntas, mientras que quienes vieron los videos cortos respondieron correctamente solo el 43 % de las preguntas.

Peor memoria
Mirar los videos fragmentados provocó una disminución notable en la capacidad de los participantes para recordar datos con precisión. Las interrupciones constantes parecían dificultar la formación básica de huellas de memoria fiables.
A nivel cerebral, los datos de neuroimagen coincidieron con estas diferencias conductuales. El grupo que vio los videos cortos mostró una activación inusualmente baja en tres regiones cerebrales distintas durante la prueba de memoria: el claustro izquierdo, el núcleo caudado izquierdo y la circunvolución temporal media izquierda.
El equipo también analizó la comunicación entre las diferentes partes del cerebro. Hallaron una conexión más débil entre el núcleo caudado y el claustro en el grupo que vio videos cortos. Esta conectividad reducida de la red apunta a una ruptura en la forma en que el cerebro vincula el control ejecutivo con la integración de la información. Cuando los formatos de aprendizaje están muy fragmentados, las redes neuronales necesarias para integrar la información no se sincronizan de manera eficiente.
Los participantes también completaron cuestionarios que detallaban sus hábitos diarios de visualización de videos cortos y fue así como descubrieron que, en el grupo de que visualizó videos cortos, las puntuaciones más altas en una escala que medía la falta de autocontrol se correlacionaron con conexiones más fuertes entre el núcleo caudado y el claustro.
Los autores del estudio interpretaron esta relación anómala como un signo de un sistema neuronal sobrecargado. Quienes tienen dificultades para controlar sus hábitos de consumo de medios podrían tener que realizar un esfuerzo cerebral extra solo para lograr una recuperación básica de la memoria. Esta mayor conectividad probablemente representa una adaptación forzada, más que un signo de procesamiento mental superior. El sistema en general opera con baja eficiencia debido a la naturaleza fragmentada del material aprendido.


