Opiniones

La fascinante historia de Agustín Laje

Por Chiqui Vicioso

Hasta hace dos semanas no conocía la existencia de un joven argentino, hijo de una familia conservadora, católica y de clase media, los Laje Arrigeri.

Su mayor logro es que nos interese su existencia. En mi caso, ocurrió cuando escuché las anécdotas sobre cómo había “destrozado” a Faride Raful, en el debate sobre las Tres Causales, aunque en ese momento no tenía el tiempo para estudiarlo y ahora, que reincide aquí, si.

Cuando su abuela llevó a Agustín al “Jockey Club”, para escuchar “la otra parte de la verdad”, es decir, la reivindicación de la criminal dictadura militar que le costó a Argentina 30,000 muertos, conoció al intelectual de ultraderecha Antonio Márquez.

Según cuenta su biografía, Márquez lo enfrentó, y dijo que la derecha ya tenía muchos militantes, que lo que necesitaba era intelectuales. Por eso, cuando Laje era un estudiante de segundo semestre de Ingeniería de Sistemas, le consiguió una beca de pos-grado en la Universidad de la Defensa, en Washington DC, (donde forman los cuadros militares del Pentágono) para estudiar “Tácticas de Contraterrorismo”, por su ensayo en defensa de la dictadura militar de los 70.

Tal fue el impacto de su entrenamiento, que cuando regresa Córdoba, Laje afirma que “hasta hace dos años para mi esta causa (la de la ultraderecha) estaba perdida. Hoy creo que la podemos ganar”. Y se dedica escribir, junto con Márquez: “El libro negro de la Nueva Izquierda”, donde Laje se encarga de la “Ideología de Genero y el Feminismo”, y Márquez del “Homosexualismo ideológico” de la nueva izquierda que, según ellos, “no murió con la caída de la Unión Soviética, sino que se desplazó a la cultura”.

El éxito de Laje fue inmediato. Su libro, un logro en Amazon, y su estrategia de comunicación, le han generado más de 100,000 seguidores en Youtube y Facebook, concentrándose ahora en Instagram donde ya tiene 60,000 devotos.
A sus seguidores Laje les ofrece “el marco teórico”: “Rebelarse contra la izquierda que hoy es Status Quo, aclarando, (y esto me sorprendió), que “no le importa el feminismo sino en tanto lo considera como bandera de la nueva izquierda”, sino “ganar un espacio abiertamente de derecha donde los jóvenes puedan identificarse con esa corriente”.

Confieso que hasta estudiar a Laje no sabía que el feminismo se había convertido en un enemigo estratégico de la ultraderecha, y mucho menos que el movimiento LGTB era también enemigo de gran capital.

Dice Laje: “A la derecha la reventó la falta de formación (a la izquierda también). “No hay intelectuales de derecha. NO hay. Lo que hay son los “Think Tanks” de los liberales que me parecen una vergüenza”, hay que construir (como Trump): “una estrategia hegemónica entre liberales, conservadores y nacionalistas que pueda darle sentido no al pueblo, sino a la preservación de la derecha”. Esta postura ideológica lo ha convertido en asiduo invitado de Fundaciones “católicas, iglesias y, en Miami, de grupos anti-castristas.

Laje afirma poseer una biblioteca de más de mil ejemplares, de los cuales 80% son de pensadores de izquierda, a los que estudia con fruición.

¿Su método?

Utilizar los medios alternativos para llegar a la juventud; pasar de una postura más seria a unas más desestructurada, porque en el fondo “lo que tengo que lograr es que el pibe (joven) , que está por los chistes, me diga “me faltan argumentos” y mande su e.mail”.

LA “IDEOLOGIA DE GENERO”

¿Y, qué es lo que plantea su agresivo ataque al Feminismo?
Primero un gran desconocimiento sobre el “Género”, que no es una ideología sino un método de análisis sobre como los agentes de socialización participan en la construcción de las identidades masculina y femenina. Según Laje, “el sexo no siempre fue género”, (algo que no afirmamos), sino que es “procreativo”, base de la ideología que reduce a la mujer a rol de incubadora.

Lo segundo que plantea es que “la ideología de género” es responsable de la pedofilia, y ahí nos sonreímos porque es precisamente la institución que lo promueve y trae a nuestro país, la Iglesia Católica, y su jerarquía, donde originan todos los escándalos relacionados con la pedofilia.

Según Agustín, estamos en la onda del “Feminismo de Tercera Ola” (otro fascinante descubrimiento), que es al cual se opone porque “fomenta el movimiento LGTB y Transgénero.”

Admira, el “Feminismo de primera ola” porque “quien puede oponerse al derecho al voto de las mujeres?”, haciendo alardes de sus lecturas de las primeras feministas, aunque si se hubiera detenido en la lectura de los Stuart Mills y su “Mujer, Capitalismo y Esclavitud” quizás hubiera entendido la relación intrínseca entre el capitalismo y la explotación de la mujer, su subordinación como ciudadana de segunda en todos los planos.

Afirma que la “Segunda ola del Feminismo” nació con Simone de Beauvoir y su “Segundo Sexo”, donde repite, correctamente, que “no se nace mujer sino que se construye”. Ahí no puede entender que esta afirmación no es biológica, sino cultural.

Continúa con una crítica a Engels y su “Origen del Estado, la familia y la propiedad” donde “Engels trata de representar al hombre como el burgués de la familia y a la mujer como su proletariado”.

Estos refritos ideológicos aparentan nuevos para la incultura general y, como afirman las feministas argentinas: “Están orientados a provocar una reacción, no son nuevos en nuestra sociedad. Aparecieron en las dictaduras militares y la parte hegemónica de la Iglesia Católica hoy no se adhiere a esa normativa”.

Las posturas ideológicas de Laje también han generado las criticas de las feministas de derecha, una de las cuales (Valentina Verbal) le reclama estar atribuyéndole a la izquierda conquistas que son de la civilización, que “no es de liberales ni de izquierda, sino de la humanidad”.

En su asalto al “feminismo de tercera ola”, Laje ataca inmisericordemente a feministas como Judith Butler y Beatriz Preciado, a quienes acusa de afirmar que “el sexo siempre fue género”, como base de una estrategia “Queer” (homosexual) central a sus denuncias del “hetero-capital”.
Como es lógico, Laje denuncia la “interferencia” del Estado, con sus políticas de protección a la diversidad sexual y la violencia contra la mujer. Para él la violencia domestica no existe, aunque los estudios regionales demuestran que en un 70 y 80 por ciento de los casos es el hombre el que agrede y/o asesina a las mujeres.

Lo que fascina de sus refritos es que lee y generalmente asiste a sus entrevistas con un libro de Antonio Gramsci, el más importante pensador marxista sobre la importancia de la cultura, y esto es algo que los “alternativos” o de izquierda no practican, no entendiendo que las luchas no se ganan con emocionalismos, ingenuidades o proclamas.

Aunque las posturas de Laje se pueden catalogar de “falacias de generación apresurada made in Washington”, algo nos enseña: la necesidad de estudiar a los contrarios, para luego combatirlos con sus propias armas.

Y es ahí donde su lucha contra Las Tres Causales logrará lo que no hemos logrado las feministas: evidenciar la creciente pérdida de credibilidad de la jerarquía católica en su lucha por contrarestar el avance de la humanidad hacia la tolerancia y la práctica del “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

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