lunes, 17 de diciembre del 2018 - Santo Domingo, República Dominicanan

Por Fernando de León

Foto de : Fernando de León

Otras opiniones

    Los sollozos del migrante

    Aunque ciertamente hemos sido objetores de conciencia en cuanto a la anomia de nuestro tejido social; nada más devastador y atropellante que la vida de un migrante que está lejos de su tierra.
     
    Y, sobre todo si se tiene un poco de conciencia, y llegamos formados a estos lares neoyorquinos. Y a muchos nos mata la soledad; la falta de familia, en la que incluyo a los amigos que nos aprecian. Moisés, un antiguo amigo y colega con el que conversaba regularmente, se nos ha ido.
     
    Tal parece, se fue mientras dormía; en lo que se presume fue un infarto al corazón según me contó su hija. No los voy a contar pero son muchos de los nuestros que, de repente fallecen en cualquier cuarto de Nueva York.Para los que estamos solo sobre todo, estas viviendas conforman una suerte gettos o mazmorras.
     
    Entrampados en paredes de chirrá, un día, nos asalta la muerte. Lo lamentable es que, muchos de los que debimos tener mejor suerte porque no hemos contemporizado con perversidades ni malas artes; terminaremos de esta forma.
     
    No voy a enumerar los que ya se han ido; pero lo ciertos es que al igual que Moisés, nos iremos yendo uno a uno. Nos vamos a desmaterializar; se irán con nosotros ideas; inquietudes y, porque no, muchos defectos; pero también muchas virtudes. Y, pradójicamente, tal vez este es el pago para muchos de los que no hemos transigido en nuestros ideales y apelamos al forzoso ostracismo que, finalmente nos defenestra la existencia.

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