viernes, 21 de septiembre del 2018 - Santo Domingo, República Dominicanan

Por José Díaz Nin

La migración haitiana

Últimamente, en los medios de comunicación se ha calentado el tema de la migración haitiana  y más aun luego el nombramiento de un cónsul en Anse-a-Pitre, Haití, que ha sido señalado como traficante de personas y como la cabeza de un consulado clandestino.
 
Esta designación no es más que una nueva señal de que el gobierno dominicano no está interesado en resolver el grave problema haitiano  que nunca ha sido un problema para ese país, sino un grave problema para el pueblo dominicano.
 
Se han gastado millones y millones de pesos,  de los recursos de este pueblo, en un proceso de regularización que no da viso de que  va  a contribuir  con la solución de los problemas que está generando la migración irregular e ilegal de haitiano hacia  la república dominicana.
 
El gobierno dominicano no se ha detenido  a evaluar las  causas y consecuencias que trae este incontrolable trasiego de haitiano  hacia nuestro territorio dominicano.
 
Son consecuencias: el problema de salubridad,  el ambiental, el de la seguridad ciudadana, el desplazamiento de muchos dominicanos en la economía informal y porque no el del irrespeto a nuestros valores patrio, de algunos desaprensivos haitianos, a través de las redes sociales.
 
Ahora bien, eso es hasta un día  y cuando llegue ese día ya será muy tarde y será muy difícil de resolver este grave problema que acarrea esta desbordante e ilegal migración haitiana.
 
Creo que los dominicanos si no se deciden a enfrentar, con sus propias manos,  esta situación  serán los propios haitianos, y esto sí es peligroso, los propios haitianos los que tendrán que reclamar, derechos, salubridad, empleos, seguridad, su legalización y mejores condiciones de vida.
 
Recientemente se está dando una situación y es que los mismos haitianos están presionando a empresarios dominicanos, así como a hospitales y demandando al gobierno  la agilización del proceso de  regularización y porque no, en un tiempo no muy lejano, esa presión podría constituirse en una fuerza capaz de provocar situaciones inmanejables.
 
En el caso de empresarios que están contratando a  extranjeros ilegales, en su mayoría haitianos, cuando hay en el país más de dos millones de extranjeros residiendo legalmente y buscando afanosamente trabajo o mejores condiciones de vida.
 
Esos mismos haitianos que han cumplido con la ley  o requisitos de la regularización se quejan y presionan  para que se les contrate para un trabajo, esto ante  la contratación de ilegales o personas que no están regularizadas.
 
Mucho se habla de las condiciones de insalubridad, de los abusos al medio ambiente,  de los millones y millones de pesos que gastan los hospitales públicos atendiendo  a miles y miles de haitianos que, sin lugar a equivoco,  están afectando  o menguando el nivel de atenciones para los dominicanos.
 
Lo más aconsejable es comenzar ahora a enfrentar esta problemática y no esperar que sean los mismos haitianos los que se levanten, en pie de lucha, ya sea desde el territorio dominicano como desde la república de Haití o desde ambos a la vez y que esta lucha no se constituya en trastornos sociales de imprevisibles consecuencias para nuestra isla.
 
Unas de esas consecuencias,  ante el dormir de muchos dominicanos y sin ánimos de ser alarmista o caja de resonancia de predicciones nefastas  los es la unificación de la isla.

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