viernes, 16 de noviembre del 2018 - Santo Domingo, República Dominicanan

Por Manuel Otilio Pérez P.

Balaguer y Tomás Bobadilla

Joaquín Balaguer en su libro LOS PRÓCERES ESCRITORES, 2ª edición, Gráfica Guadalupe,  Argentina, 1971; desde su título admite la proceridad de Tomás Bobadilla.
 
En la dedicatoria "A mis padres Joaquín T. Balaguer y Cely Ricardo para que sus nombres humildísimos se asocien en estas páginas, como lo están en mi corazón, a los nombres ilustres de los próceres a quienes mas admiro".
Balaguer eleva a Tomás Bobadilla a la poltrona donde quiere que los nombres de sus padres estén asociados. Sin dejar de reconocer que Bobadilla es uno de los nombres ilustres, agregando que él (Balaguer) tiene a Bobadilla entre los próceres que más admira.  Balaguer gran admirador de Tomás Bobadilla.
 
En el índice de su obra, Balaguer inicia con Fernando Arturo de Meriño, continúa en segundo lugar con Buenaventura Báez y en tercer lugar con Tomás Bobadilla...luego de Bobadilla van quince nombres de PRÓCERES ESCRITORES.
 
Le reconoce a Bobadilla la paternidad del Manifiesto del 16 de enero de 1844, y reitera su admiración por Bobadilla  cuando confiesa: "el primer documento de importancia en que Tomás Bobadilla muestra sus actitudes intelectuales es el Manifiesto del 16 de enero. El aparato jurídico de esta pieza, redactada como tal con orden lógico extraordinario y sin consideraciones postizas, es digno de admiración (ob.cit pág 37). El Manifiesto de Bobadilla si se prescinde de las partes en que manifiestamente imita el Acta de Independencia de los Estados Unidos, es obra de filósofo...y sobre todo la nitidez con que en algunos pasajes de este memorial de agravios se proyecta la conciencia del autor" (pág 38).
 
Balaguer admite que el Prócer Tomás Bobadilla fue uno de los creadores del Estado llamado República Dominicana, señalando que "...y fue, sin duda, entre los creadores de la República...".
 
Continuando con Balaguer y su obra LOS PRÓCERES ESCRITORES "no pueden desconocerse en Bobadilla ciertas arrogancias del pensamiento, ciertas facultades analíticas y cierta intuición genial que alumbra los problemas más oscuros y descubre en ellos aspectos que permanecerían en la sombra para un espíritu menos lógico o para una inteligencia menos friamente organizada" (pág 39).
 
Balaguer no para de reconocer cualidades positivas superiores cuando reitera su admiracion y encumbra a Bobadilla a la categoría de estadista "...pero nuestra admiración...se rinde ante la sagacidad del estadista..." (pág 40).
 
Los discursos de Bobadilla...se encuentran llenos de aforismos y de reflexiones felices...pero si son la obra de un pensador agudo que no tomó como númen tutelar de su inteligencia a ningún dios académico (pág 40).
 
No careció Tomás Bobadilla de ciertos rudimentos de cultura clásica. El discurso que pronunció en la Gran Logia Nacional, el 11 de diciembre de 1858, revela que no fue extraño a la filosofía y que no todos sus conocimientos se redujeron a lo que en aquel tiempo debían constituir el acervo indispensable de un hombre de gobierno o el de un constitucionalista improvisado (pág 41).
 
Finalmente, para Balaguer, Bobadilla podía ser todo lo que cualquiera quisiera creer o si un estadista intuitivo y de buena fe que se empeña en fijar su experiencia política en máximas de pulcritud sobrehumana. (pág 42).

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