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Un influyente diario ve condiciones para un levantamiento en Haití

Le Nouvelliste reclama que, en cambio, se busque un entendimiento entre las partes confrontadas: poder y oposición

Por Germán Reyes

Santo Domingo.- «Si el país fuera normal, ante la acumulación de problemas, todos los días, una vez a la semana o una vez al mes, decenas de miles de personas, un millón de personas estarían en las calles para exigir un cambio», escribió el periódico Le Nouvelliste en su editorial de la fecha.

El diario, fundado en 1898, se preguntó hasta cuándo y estableció las razones por las que un millón de personas no sale cada día a las calles a protestar:  «Evidentemente, por miedo o desinterés, por cansancio o movido por quién sabe qué, la multitud es discreta».

En cualquier país normal, la crisis sin nombre que vive desde hace meses el país habría provocado dos reacciones: la búsqueda de un compromiso o un levantamiento.

La postura de Le Nouvelliste está contenida en su editorial titulado: «Haití, anestesia general», el cual reproducimos gracias a una traducción libre desde el francés.

«En cualquier país normal, la crisis sin nombre que vive desde hace meses el país habría provocado dos reacciones: la búsqueda de un compromiso o un levantamiento.

El editorial

«Un sector de la sociedad civil suficientemente preocupada o suficientemente fuerte habría invitado a ambos bandos –poder y oposición– a sentarse hasta que se llegue a un acuerdo que permita al país vivir con normalidad sin la hipoteca de los cierres recurrentes que penalizan al mayor número (de servicios públicos y privados) y a cada iniciativa. .

Este sector -Iglesia, finanzas, comercio o exportación- no existe en Haití o no es escuchado por los protagonistas. Cuando, en la Nunciatura Apostólica, la ONU, la OEA y amigos de la comunidad internacional intentaron a fines de 2019 impulsar la realización de un acuerdo interhaitiano, ningún haitiano estaba dispuesto a renunciar a parte de sus logros, el interés común. Los dos campos juran por el enfrentamiento.

Si el país fuera normal, ante la acumulación de problemas, todos los días, una vez a la semana o una vez al mes, decenas de miles de personas, un millón de personas estarían en las calles para exigir un cambio. Evidentemente, por miedo o desinterés, por cansancio o movido por quién sabe qué, la multitud es discreta.

En el mundo real como en las redes virtuales, falta el número. La indignación es selectiva y fugaz. Los líderes no saben convencer, traer de vuelta y liderar a los preocupados o convencidos. La convivencia confortable es la primera regla de muchas organizaciones que dicen ser políticas.

En un país normal, el Presidente de la República, autoridades de todos los rangos, la oposición y la sociedad civil estarían al lado de todos aquellos, niños y padres, que denuncian los continuos casos de secuestros para pedir rescate.

Mientras cada vez más escolares se ven obligados a convertirse en manifestantes, el silencio de algunos y la apatía de otros son preocupantes. Como si nada moviera a nadie más.

Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, las oposiciones que merecen, las sociedades civiles que se dan. Hasta el día en que entiendan que no podemos construir un país normal con situaciones anormales, instituciones inexistentes.

Todos los haitianos, todas las haitianas están bajo anestesia. No pueden ponerse de acuerdo, ni levantarse, ni protestar contra las peores plagas que los agobian.

Hasta cuando?»

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